En el Día Internacional del Actor y la Actriz, el integrante del Consejo Directivo de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) y del Teatro El Tinglado, Ángel Carballedas, planteó las principales dificultades que atraviesa el teatro independiente uruguayo, entre ellas la necesidad de “mayores recursos públicos, infraestructura, subsidios para afrontar los costos de funcionamiento y reconocimiento de los derechos laborales de actores, actrices y técnicos”. También reivindicó el papel de la cultura como herramienta para recuperar la memoria histórica y destacó el crecimiento del teatro infantil y la incorporación de nuevas generaciones a la actividad.
El teatro independiente uruguayo continúa buscando formas de sostener una actividad que, para buena parte de sus protagonistas, no constituye una fuente de ingresos suficiente para vivir. En ese escenario, Carballedas valoró algunos de los programas impulsados por la Intendencia de Montevideo y la reciente Ley de Teatro Independiente, aunque advirtió que los recursos disponibles siguen siendo “muy magros”.
“Seguimos luchando. Hemos tenido, de alguna manera, empujes por parte de algunos programas que lleva adelante la Intendencia de Montevideo, especialmente aquí en la capital del país, y también la reciente Ley de Teatro Independiente que se promulgó. Estamos en eso. Ahora ya tiene recursos, pero son muy y estamos esperando poder negociar ese tipo de aportes”, dijo.
La discusión, para Carballedas, también pasa por reconocer al teatro como una actividad laboral. “Mucha gente dice: ‘Si no recaudan, que no hagan teatro’. Y creo que somos trabajadores, como cualquier otro trabajador, y estamos luchando para que se nos respeten nuestros derechos de trabajador, que se hagan los aportes al BPS que correspondan, por ejemplo”.
En ese sentido, planteó una contradicción entre los beneficios que reciben otras actividades y el tratamiento que recibe la cultura. “Las industrias más grandes que se instalan en Uruguay tienen beneficios fiscales, lo que no ocurre con el teatro independiente.
La realidad cotidiana del teatro independiente está marcada, además, por la ausencia de salarios estables. “Muchas veces esto no sale a la luz pública. Nosotros, en el teatro independiente, no tenemos sueldo. Vamos a lo que se recauda”. Como ejemplo mencionó la actual producción de El Tinglado, “Mal tiempo (el 83)”, una comedia musical que reúne a 23 personas en escena, además del personal técnico, comunicaciones y producción. “Muchas veces el jornal que sacás no es el mejor y, bueno, estamos haciendo teatro por amor y amor propio”.
Para Carballedas, la cultura adquiere una importancia todavía mayor en un contexto en el que existen intentos de relativizar o negar aspectos del pasado reciente. El teatro, en ese sentido, puede convertirse en una forma de acercamiento a la historia. “Es que el teatro es historia. Nosotros repasamos el año 1983. No es un teatro político, pero repasamos todo lo que pasó en ese año Entonces hay mucha gente que dice: ‘¡Uy!, yo no sabía que pasó tal cosa’. Y bueno, es una forma de cultura. Es cultura leer un libro, ver cine. Necesitamos alimentar nuestra alma”.
La obra que actualmente presenta El Tinglado permite, precisamente, volver sobre un período atravesado por acontecimientos políticos y sociales relevantes. El 1983 tuvo represión, además de la emblemática Proclama del Obelisco que reunió a más de 500.000 personas contra la dictadura militar.
El sostenimiento del teatro independiente también requiere infraestructura. Carballedas reconoció los aportes de las políticas culturales de la Intendencia de Montevideo y mencionó especialmente los programas que llevan espectáculos a los barrios. “No nos estamos quejando. Saludamos a la ex intendenta Ana Olivera, quien comenzó con este tipo de impulsos del arte, el teatro por los barrios. De alguna manera, lo que necesitamos es más”.
Entre esas necesidades aparece la infraestructura de las propias salas. “Los teatros se vienen abajo y nosotros ahora estamos abocados al cambio de butacas. Las butacas eran de una sala que cerró en Punta Carretas; una parte la compramos y vamos a cambiar absolutamente todo el patio de butacas. Es una inversión muy grande”.
A eso se suman los costos cotidianos. “Mantener la higiene, mantener la estructura, pagar la luz. No tenemos subsidio, por ejemplo, de UTE, y tendríamos que tenerlo porque somos grandes consumidores. Si bien el sistema de iluminación ha ido cambiando al sistema LED, que no consume tanta energía, sigue siendo muy costoso”.
El funcionamiento de un teatro implica una cantidad de oficios y tareas que muchas veces permanecen fuera de escena. Carballedas destacó, en ese sentido, el trabajo de los talleres del Auditorio Nacional del SODRE y su capacidad para producir escenografías y otros elementos que incluso son requeridos desde el exterior. “Es muy costoso. Es un trabajo de todos los días, de ir conversando y convenciendo a gente para que apueste a la cultura. Nosotros hemos tenido apoyos muy buenos que se cortaron en el anterior gobierno y estamos tratando de reanudarlos”.
Los problemas de las salas se hicieron particularmente visibles durante la pandemia. La cultura fue uno de los primeros sectores en detenerse y uno de los últimos en retomar su actividad. Desde su propia experiencia, Carballedas explicó que la situación laboral del sector tiene una característica particular. “Yo soy jubilado, hice mucho tiempo radio y la jubilación me permite vivir, pero no vivo del teatro. Creo que en Uruguay el 98% de actrices y actores no puede vivir del teatro”. La recaudación, explicó, no alcanza para que la mayoría pueda considerar la actividad teatral como su único sustento. El hecho de que la mayoría de los actores y actrices vivan de otra actividad permitió que la pandemia no necesariamente significara una salida masiva del sector hacia otras actividades. “Los que pudimos aguantar, aguantamos y, como nadie o casi nadie vive exclusivamente del teatro, no hubo tanta gente que se fuera para otra actividad”.
Las dificultades, sin embargo, permanecen en las salas. “Tenemos el Circular, que se inundó por un problema del Ateneo, y costó casi un año, lograr volver a hacer funcionar la sala grande. Tenemos problemas con la humedad”.
Por otro lado, explicó que la llegada de grandes producciones internacionales, con figuras de reconocimiento mundial como Ricardo Darín, plantea otra discusión pero subrayó que esos espectáculos contribuyen a generar nuevos públicos para el teatro.
Carballedas consideró que la presencia de artistas internacionales no debe verse necesariamente como una competencia con el teatro uruguayo. Existe, además, un mecanismo que permite que parte de esas recaudaciones contribuya al desarrollo de la actividad local.
“Una cosa favorable es que el espectáculo internacional es grabado con un 5% de la recaudación que va a las arcas de COFONTE, un organismo dependiente del Ministerio de Educación y Cultura”, dijo.
El COFONTE cuenta con representación institucional y del sector teatral. “Está SUA, está FUTIC, que es la Federación Uruguaya de Teatros Independientes, ATI, que es la Federación de Teatros del Interior, y se apoyan infraestructuras de teatro. Nosotros, por ejemplo, cambiamos un aire acondicionado con el aporte de COFONTE y también se apoyan puestas en escena”.
Carballedas consideró que no tendría sentido impedir la llegada de producciones extranjeras. “No se puede evitar ni prohibir que venga un actor argentino a hacer una función acá. No tiene sentido, porque además los elencos uruguayos viajan mucho”.
En este sentido, remarcó que incluso existe una devolución concreta hacia el propio sector. “Lo positivo es que un 5% va a COFONTE y una parte de ese 5% va a la Comisión de Socorro de SUA, con la que ayudamos a nuestros socios”.
En el Día Internacional del Actor y la Actriz, la escena encuentra a sus trabajadores en una situación que combina dificultades económicas, esfuerzos cotidianos y la necesidad de sostener una actividad que excede lo estrictamente laboral. “Este día nos encuentra en lucha, como siempre, resistiendo. Estamos haciendo lo que nos alimenta el alma. A mí me reconforta de alguna manera. También te alimenta el ego recibir el aplauso todos los fines de semana. Así que lo hacemos con mucho optimismo, pero en lucha”.
Carballedas también observó un fenómeno que considera especialmente auspicioso, como lo es el crecimiento del teatro infantil. A diferencia de lo que ocurría décadas atrás, cuando las propuestas para niños aparecían principalmente durante las vacaciones, actualmente existe una producción mucho más amplia y sostenida. “Eso es fundamental y además viene de la mano de mucha gente joven. Muchos talleres jóvenes, muchos grupos de personas de un poco más que adolescentes, de 18 o 20 años comienzan a hacer teatro para niños”. La cartelera infantil, señaló, tuvo una presencia muy importante durante las vacaciones de julio y continúa con nuevas propuestas en los períodos de descanso escolar. “Es muy, muy positivo y hay mucha gente joven que recién llega haciendo teatro para niños. Eso es innovar, con nuevas tecnologías, con nuevas formas”.
“Mal tiempo (el 83)”
La obra que actualmente presenta el Teatro El Tinglado es “Mal tiempo (el 83)”, una comedia musical de tono ácido y grotesco escrita y dirigida por José María Novo.
La historia transcurre cuando dos hermanas se reencuentran para preparar la venta de la casa familiar y, a partir de ese escenario, vuelven sobre los acontecimientos de 1983, un año decisivo de la historia reciente uruguaya.
Teatro El Tinglado (Colonia 2035) de Montevideo.
Funciones: sábados a las 20:30 y domingos a las 19:30.
Entradas a 700 pesos en venta en Red Tickets.
Los socios de Socio Espectacular cuentan con cupos limitados en la boletería del teatro.