El presidente de la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) y secretario general de la Confederación Latinoamericana de Trabajadores Estatales (CLATE), Martín Pereira, llamó al movimiento sindical a discutir cómo posicionarse frente a una nueva realidad política regional marcada por el avance de la ultraderecha, reclamó profundizar las transformaciones sociales, incorporar jóvenes y mujeres a los espacios de decisión y construir nuevas herramientas de comunicación y articulación internacional de los trabajadores.
Pereira fue uno de los oradores durante la conmemoración del 62º aniversario de COFE, actividad que se desarrolló en el hotel Crystal Tower y contó con la presencia del presidente de la República, Yamandú Orsi; del presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, dirigentes sindicales e invitados nacionales e internacionales.
Durante la conmemoración se desarrolló el panel “Vientos de ultraderecha: impactos en nuestra región sobre la democracia, el trabajo y lo público”, instancia en la que Pereira colocó la discusión más allá de la oposición entre izquierda y derecha y planteó la necesidad de analizar también las limitaciones de los procesos progresistas que gobernaron buena parte de América Latina durante las últimas décadas.
El dirigente sindical recordó los años 90 y el avance del neoliberalismo, caracterizado por las “privatizaciones, achicamiento del Estado, flexibilización laboral, la pérdida de derechos, desempleo y un modelo que pretendió instalar la idea de que el mercado podía resolverlo todo y que el Estado era prácticamente un problema”. También reivindicó la memoria de las dictaduras de las décadas de 1970 y 1980 y del Plan Cóndor, para señalar que el movimiento sindical tuvo un papel central en las resistencias desarrolladas en Uruguay y en otros países de la región.
Advirtió que buena parte de las nuevas generaciones de trabajadores no vivió directamente aquellas experiencias. “Para muchos jóvenes, su primera referencia política estuvo vinculada al ciclo progresista latinoamericano, con Lula en Brasil, los Kirchner en Argentina, el Frente Amplio en Uruguay, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador”.
Ese período, reconoció, significó “recuperación de derechos, crecimiento de la negociación colectiva, políticas sociales, una agenda de derechos, fortalecimiento del Estado y mejoras concretas para millones de trabajadores y sectores populares”.
Planteó que el movimiento sindical debía animarse a formular preguntas incómodas, entre ellas si alcanza con que gobiernen fuerzas progresistas o con recuperar derechos después de que la derecha los destruye. También planteó si alcanza con administrar mejor el Estado, con tener diálogo con el movimiento sindical, hay que plantearse la necesidad de profundizar las transformaciones.
La discusión, señaló, no supone desconocer lo conquistado ni convertir al movimiento sindical en “francotiradores” de los gobiernos progresistas. Se trata, por el contrario, de ejercer la “independencia de clase” y preguntarse qué necesitan los trabajadores y el pueblo en general.
Planteó la necesidad de gobiernos progresistas que, además de tener sensibilidad social y diálogo con las organizaciones sindicales, desarrollen políticas “más profundamente comprometidas con los trabajadores y con los sectores populares”.
“Cuando hablamos de políticas populares no estamos hablando de populismo. Estamos hablando de políticas que lleguen a las grandes mayorías”, precisó, incluyendo a “trabajadores, jubilados, jóvenes sin oportunidades, personas que viven de un salario y no llegan a fin de mes, trabajadores precarizados y habitantes de los barrios más golpeados”.
Para Pereira, una transformación política solamente se consolida cuando las grandes mayorías pueden percibirla en sus condiciones materiales de vida. La aprobación de una ley, planteó, constituye “una parte de la victoria, pero si la población no se apropia de esas conquistas, la victoria es parcial”.
El dirigente vinculó esa cuestión con el crecimiento de la ultraderecha. “Si los gobiernos progresistas administran mejor pero no consiguen modificar suficientemente las condiciones de vida de las mayorías”, entonces queda “un espacio enorme para que la ultraderecha construya su relato”.
Según su visión, ese discurso encuentra al trabajador "frustrado", "al joven sin oportunidades" y a quien "siente que trabaja pero no progresa". Por eso, Pereira consideró “insuficiente” explicar el fenómeno exclusivamente a partir de las “fakenews”. Existen campañas millonarias, operadores internacionales, “algoritmos, bots y estrategias profesionales de comunicación”, pero también existen “frustraciones reales” sobre las cuales esos discursos consiguen trabajar.
Independencia sindical y exigencia a los gobiernos
Pereira marcó una diferencia entre la independencia sindical y la neutralidad política. “Desde COFE y desde el movimiento sindical no nos corresponde elaborar los programas electorales de los partidos políticos. Pero sí nos corresponde organizar, movilizar y empujar para que las transformaciones lleguen más lejos, defendiendo nuestro programa”.
“Nuestra independencia no significa neutralidad. Nuestra independencia significa representar siempre los intereses de los trabajadores”, aseguró. En ese sentido, consideró que las condiciones serán diferentes según quién gobierne. “Frente a un gobierno de ultraderecha, el movimiento sindical seguramente tendrá que enfrentar la pérdida de derechos. Frente a un gobierno progresista habrá mejores condiciones para el diálogo, pero también mayores expectativas y, por lo tanto, la obligación de exigir avances”.
“No somos parte de ningún gobierno. Somos parte del movimiento sindical”, afirmó. Para el dirigente sindical la discusión tampoco debería limitarse a elegir entre administrar lo existente o retroceder. El movimiento sindical debe recuperar “la capacidad de imaginar hacia dónde quiere avanzar y volver a colocar en el centro cuestiones qué Estado se quiere construir, cómo distribuir la riqueza, quién paga los impuestos, cómo fortalecer los servicios públicos y cómo garantizar vivienda, salud, educación y protección social.
También planteó la necesidad de discutir cómo lograr que el crecimiento económico llegue efectivamente a las grandes mayorías y no vuelva a concentrarse en los mismos sectores.
Formar nuevos dirigentes
Por otro lado, Pereira dedicó parte de su intervención a Brasil, cuya próxima elección consideró fundamental para la región. Por su dimensión económica, política y social, lo definió como “un verdadero faro” para América Latina.
En ese contexto reivindicó la figura de Luiz Inácio Lula da Silva como trabajador metalúrgico y dirigente sindical surgido de las luchas de los trabajadores y recordó su llegada a la Presidencia de uno de los países más importantes del mundo y las políticas que permitieron sacar a millones de personas de la pobreza. Incluso desde esa valoración formuló otra pregunta: “¿Cómo puede ser que tantos años después la esperanza siga estando en el compañero Lula?”.
“El problema no es Lula. El desafío es nuestro, de las organizaciones”, dijo y explicó que esa interrogante apunta a la capacidad del movimiento sindical para formar nuevos dirigentes.
A su entender, los sectores de poder comprendieron hace mucho tiempo que los cuadros políticos y dirigentes se forman. “Invierten, crean fundaciones, crean centros de pensamiento, forman comunicadores, preparan dirigentes y construyen candidatos”.
Agregó que los dirigentes sindicales “no aparecen espontáneamente, los dirigentes se forman, se construyen y necesitan oportunidades”. Por eso reclamó incorporar jóvenes no solamente a las actividades o a las estructuras formales del sindicalismo, sino a los espacios donde se discute y se toman decisiones. También consideró necesario permitirles desarrollar sus propias formas de militancia, aun cuando eso implique que cuestionen prácticas y formas de organización de las generaciones anteriores.
Pereira se ubicó a sí mismo como parte de “una generación bisagra”, formada en una tradición sindical determinada pero atravesada también por cambios tecnológicos vertiginosos. Una organización que no es cuestionada y renovada por las nuevas generaciones, advirtió, corre el riesgo de “quedarse detenida en el tiempo”.
La renovación, además, debe incluir “una mayor participación de las mujeres en los espacios de responsabilidad y conducción”. En esa línea, destacó el trabajo que viene realizando CLATE para modificar una lógica histórica de baja participación de jóvenes y mujeres en los lugares de decisión.
Pero aclaró que el recambio generacional no puede convertirse en un objetivo en sí mismo. “No necesitamos jóvenes simplemente para rejuvenecer nuestras organizaciones. Necesitamos nuevas generaciones para darle continuidad y renovar un proyecto histórico de organización y transformación de los trabajadores y de la sociedad en su conjunto”.
Otro de los desafíos planteados por Pereira estuvo relacionado con la comunicación. “Millones de trabajadores reciben actualmente buena parte de la información a través de las redes sociales, donde las fakenews, los bots, los algoritmos y las campañas segmentadas poseen una gran capacidad para construir estados de opinión”.
En ese punto hizo referencia a Fernando Cerimedo, a quien presentó como un “consultor y estratega digital argentino vinculado a distintas campañas políticas de la región”. Pereira consideró que la circulación de operadores y estrategias entre diferentes países demuestra que los sectores de poder no actúan de manera aislada. “Del otro lado no están improvisando”, afirmó. Existen estructuras profesionales y grandes cantidades de dinero destinadas a instalar relatos, producir desinformación, segmentar mensajes y generar miedo, bronca o rechazo. Frente a esa realidad, planteó que el movimiento sindical debe adaptarse a las nuevas herramientas sin modificar sus principios. “No necesitamos aprender a mentir, necesitamos aprender a comunicar mejor nuestra verdad y llegar a los trabajadores donde hoy están los trabajadores”.
La respuesta, además, debería tener una dimensión regional. Si quienes enfrentan a los trabajadores comparten estrategias, operadores y recursos atravesando fronteras, el movimiento sindical también necesita “construir herramientas regionales”.
Pereira reivindicó el papel de CLATE como espacio de articulación de trabajadores públicos de América Latina y el Caribe provenientes de distintas organizaciones y corrientes sindicales. También planteó la necesidad de “profundizar los vínculos internacionales entre los trabajadores públicos”.
“Para defender a los trabajadores no tenemos que pensar todos igual”, señaló. Se puede pertenecer a centrales diferentes, tener distintas concepciones políticas e historias sindicales, pero existe una condición común, “somos trabajadores”. Planteó una comparación con la forma en que se organizan los sectores económicos. “El capital hace mucho tiempo que se organiza internacionalmente, las multinacionales se organizan internacionalmente, los fondos financieros se organizan internacionalmente, las plataformas digitales se organizan internacionalmente y los sectores de poder se organizan internacionalmente”. La pregunta, entonces, es “por qué los trabajadores continúan teniendo dificultades para organizarse internacionalmente”.
“Tenemos que pensar más grande”, planteó Pereira y por ello se refirió a fortalecer COFE, el PIT-CNT y CLATE, construir una articulación cada vez mayor entre los trabajadores públicos de América Latina y el Caribe y, respetando las diferencias, avanzar incluso hacia una mayor coordinación mundial.Reconoció que podía parecer una utopía, pero recordó que muchas conquistas históricas del movimiento sindical alguna vez parecieron imposibles, tales como“la jornada de ocho horas, las vacaciones pagas, la seguridad social y la negociación colectiva”.
Aseguró que “nada de eso fue un regalo, sino que fueron conquistas de los trabajadores organizados”.
Al cerrar su intervención, Pereira vinculó los 62 años de COFE con una mirada hacia el futuro. “Un aniversario no debería servir solamente para recordar la historia de la organización, sino fundamentalmente para preguntarse qué movimiento sindical se quiere construir durante los próximos años”. Propuso un sindicalismo “independiente y fuerte, capaz de dialogar cuando corresponda y confrontar cuando sea necesario; que no se conforme con gobiernos más cercanos, sino que sea capaz de empujar las transformaciones reclamadas por los trabajadores y las mayorías populares”.
También reclamó un movimiento sindical con “nuevas generaciones asumiendo responsabilidades, con mayor presencia de jóvenes y mujeres en los espacios de decisión, capaz de comprender las nuevas formas de trabajo y comunicación y de construir una unidad latinoamericana y caribeña que trascienda las diferencias”.
“Ningún algoritmo puede sustituir la solidaridad. Ninguna fakenews puede sustituir la organización. Y ningún poder económico es invencible cuando los trabajadores somos capaces de organizarnos”, afirmó.
Remarcó que el desafío no consiste únicamente en resistir a la ultraderecha, sino en “volver a construir una alternativa desde los trabajadores, junto a las organizaciones sociales”. La tarea, enumeró, comienza con la organización en cada lugar de trabajo, continúa a escala nacional y debe proyectarse hacia América Latina y el Caribe y, por qué no, hacia una organización mundial de los trabajadores.
“Fortalezcamos COFE y el PIT-CNT, fortalezcamos nuestras organizaciones sindicales,fortalezcamos CLATE. Formemos nuevos cuadros y abramos las puertas a nuevas generaciones”, sentenció.