Jorge Vignolo, es militante sindical portuario (SUPRA) e integrante uruguayo de la Global Sumud Flotilla que intentó romper el bloqueo sobre Gaza trasladando ayuda humanitaria, asegura que volvería a embarcarse en una misión similar pese a la captura sufrida en alta mar. “Si el año que viene tengo que ir voy a volver a ir hasta que me hundan con un barco. Y cuando me hundan con un barco me va a sustituir otro compañero que va a hacer exactamente lo mismo, hasta que llegue el momento en que el corredor humanitario se abra porque ese es el objetivo. No nos van a poder matar a todos”.
Tres activistas uruguayos participaron de la Global Sumud Flotilla, una misión internacional que busca romper el bloqueo sobre la Franja de Gaza. Ellos son Daniela Lopes, representante de la organización Coordinación por Palestina; Ana Zugarramurdi, activista por los derechos humanos y rescatista en el Mediterráneo; y Jorge Vignolo, militante del sindicato portuario (SUPRA) y representante del PIT-CNT.
Daniela Lopes y Jorge Vignolo integraron la etapa final de la travesía, que fue interceptada por fuerzas israelíes en aguas internacionales a fines de abril de 2026. Ambos regresaron a Uruguay el 4 de mayo, tras ser deportados.
Jorge Vignolo ya está en su casa, a pocos metros de la Escollera Sarandí. Jorge tose y tose sin parar. Cada dos palabras tose. Es asmático y el frío y las condiciones extremas a las que fue sometido los días que estuvo preso de manera ilegal por el ejército de Israel, fueron devastadoras para su salud. Jorge intenta relativizar su estado de salud precario, deteriodado por las torturas psicológicas y físicas al exponerlo a condiciones horrorosas, incomprensibles, para cualquier ser humano que intenta llevar medicamentos y alimentos a personas que están necesitando todo, hasta lo más elemental, para sobrevivir.
Después de los días dónde la ilusión, los simulacros de ataques fueron abordados en ejercicios preventivos, después que la noche del asalto a su barco fue de una violencia extrema y después de ver y sentir en primera persona el desprecio que tienen quienes odian al pueblo palestino y pretenden su extinción, Jorge fue recuperando su vida. “Estuvo cerca, pensamos lo peor, nos preparamos para lo peor, hicimos ejercicios preventivos para saber qué hacer cuando nos asaltaran, saber que no teníamos que responder a las provocaciones y que teníamos que tirar nuestros teléfonos celulares al agua cuando los sionistas nos asaltaran los barcos porque no podíamos entregarles nuestros contactos, los teléfonos de nuestras familias, el número de mis hijos, solo pensar que ellos podrían apropiarse de eso me daba escalofríos, no podía permitirlo”.
Jorge mantuvo contacto con sus hijos durante los días “normales” en los que la flotilla fue preparando su recorrida para intentar llegar a Gaza con la ayuda humanitaria.
Su hijo mayor, Jorge Sebastián, de 29 años, estuvo involucrado en la organización para colaborar y también como una forma de mantenerse al tanto de la situación de su padre. “Tremendo orgullo, no tengo palabras de lo que siento por mis hijos, lo que hizo Jorge con su militancia, la sensibilidad de Ana Jade (12) que fue la que me hizo un cartel de bienvenida y mi nieta Paloma (7) que es una dulzura”.
“Mi hija todavía es chica, y pasó muchos nervios, incluso nosotros llegamos un domingo y el lunes de noche la madre la tuvo que llevar a emergencia porque tenía vómitos, fiebre y diarrea, había somatizado todo por los nervios y las preocupaciones”.
Jorge sigue tosiendo. Y contando lo vivido. Mientras tose y se disculpa por no poder hablar mejor. “Es que las noches cuando estuvimos detenidos en los contenedores que usaban como cárceles en los barcos a algunos nos dejaban en la cubierta pero antes la mojaban con manguerones para que el frío y la humedad nos afectaran un poco más. Y bueno, yo con mi asma lo sufrí un poco. Un poco mucho”.
El secuestro
“Ninguno de nosotros esperábamos que nos secuestraran en aguas internacionales y tan lejos de la costa de Palestina. El ejército israelí tiene sus bases militares en los territorios palestinos de ocupación y estábamos a más de 500 millas. Entonces nadie esperaba que nos fueran a secuestrar y a interceptar tan pronto”.
Fue el 29 de abril, próximo a las 19 horas UTC. “Vimos un movimiento extraño y cuando comenzaron a sonar las alarmas entendimos que esta vez no era un simulacro. Fue un asalto muy violento, con soldados y perros que estaban mejor equipados que cualquier integrante de nuestro Ejército. Los perros daban miedo, eran muy agresivos y con todo el equipamiento que tenían un aspecto espantoso, algo nunca visto por nosotros”.
Ese asalto en la noche fue entre gritos y amenazas en hebreo y en inglés. Hubo muchos alaridos cara a cara y miradas de odio, risas de odio, para marcar quién estaba a cargo de tantas vidas. Como para que no quedaran dudas que un movimiento en falso, un gesto imprevisto, podía costarle la vida. A todos se les exigió que entregaran sus pasaportes y todo lo que tuvieran con valor afectivo. Una alianza matrimonial, una cadenita, todo.
Jorge lo que más quería recuperar era su inhalador. El asma no sabe de mandatos sionistas y Jorge comenzaba a tener dificultades para respirar con normalidad.
Mientras tanto, veía como el ejército que los estaba secuestrando en aguas internacionales destrozaba todo. Medicamentos, alimentos no perecederos, los motores de propulsión y la maquinaria de los barcos. Hasta las escaleras que se utilizaban para descender hasta los camarotes. En minutos, arrasaron con todo.
La tortura
“El ejército sionista nos tuvo arrodillados, con la cabeza gacha y las manos detrás, durante horas, nos revisaban una y otra vez. Incluso nos pararon de frente a una bandera de Israel para que la tocáramos, como una forma de imponernos su poder. Que no nos quedaran dudas que estábamos sometidos a los sionistas. Mientras tanto, nos pasaban los perros de un lado al otro, y nosotros sin poder defendernos, soportando los gritos, las humillaciones y las patadas que nos daban. Después de unas cuantas horas, nos metieron en los contenedores cárceles –a cielo abierto- con alambres de púa, inmundos, fríos, asquerosos. Las cárceles en las que nos metieron sin decirnos nada de nuestra situación legal, ni dónde estábamos, ni cuánto tiempo nos iban a tener ahí detenidos de manera ilegal”.
La tos de Jorge parece querer explicar lo inhumano que tuvo que vivir Jorge.
“Yo pienso que si a mí me afectó, es imposible imaginar lo que ha sido este genocidio para el pueblo palestino que padece torturas, asesinatos, secuestros, hambre y toda una serie de horrores pero todos los días. Ellos lo viven a diario, y mueren a diario asesinados por la furia y el odio sionista”.
Una de las acciones de represalia que el ejército de Israel aplicó contra los activistas humanitarios que llevaban medicamentos y alimentos para el pueblo palestino, fue desmantelar los baños, dejarlos en condiciones nauseabundas y darles un refuerzo de pan y queso como alimento, junto a un poco de agua. “Nosotros con Daniela, que representaba a la Coordinación por Palestina, desde el primer día resolvimos hacer huelga de hambre por una cuestión de principios, porque Israel utiliza el hambre como herramienta de guerra y nosotros no íbamos a comer absolutamente nada en ese gobierno sionista cuando estaba matando de hambre a los niños palestinos. Resolvimos no comer absolutamente nada y no comimos absolutamente nada durante los tres días hasta que nos liberaron”.
Daniela Lopes, con tan solo 21 años, también participó de la Global Sumud Flotilla.
Tosiendo, y con los ojos vidriosos, Jorge se detuvo a hablar de la joven militante sindical.
“Tremenda, imponente su fortaleza. Para aquellos que dicen que ‘la juventud está perdida’ no saben que hay muchas ‘Danielas’. Hay que conocer a Daniela y ver sus convicciones y entereza para militar y defender los principios y las causas”.
La ruta de la esperanza
Durante los días de cautiverio, el hostigamiento fue permanente. Cada vez que los soldados irrumpían para realizar los conteos, antes retiraban a alguno de los activistas para interrogarlos. Así fue que fueron secuestrados Thiago Ávila y Saif Abukeshek, los dos activistas por los que se llegó a temer por su vida.
Es que la muerte anduvo rondando y navegando junto a la flotilla.
“En ningún momento nos hablaron de liberarnos. Por momentos pensamos lo peor. Y ahí te pasan muchas cosas por la cabeza. Mi hija chica, mi nieta, mi hijo, mis compañeros, los miles y miles de niños palestinos presos o asesinados. La verdad, esas horas fueron de extrema sensibilidad y reflexión, ante la incertidumbre de nuestro futuro y sentir la muerte tan cercana. Porque recordemos que estábamos en aguas internacionales pero incomunicados”.
De pronto y casi sin información confiable, comprendieron que estaban rumbo a un puerto griego “que actuó con total complicidad con Israel”.
Según Jorge Vignolo, en Creta no recibieron ningún apoyo del cuerpo diplomático uruguayo, lo que una vez en Montevideo, el canciller Mario Lubetkin alegó que se trató de “un problema administrativo”. Ausente el personal diplomático correspondiente, los compatriotas liberados recibieron contención y atención inmediata del Partido Comunista de Grecia. “Ellos nos dieron ropa, alimentos, baños, un lugar para descansar, palabras de aliento y teléfonos para que nos comunicáramos con nuestras familias. Eso no lo vamos a olvidar”.
Esto no queda acá
Jorge Vignolo es integrante del SUPRA. Vive junto al mar, a pocos metros de la Escollera Sarandí y trabaja cerquita de allí. Su vida está en el mar. Y la experiencia vivida como integrante de la Global Sumud Flotilla lo ha fortalecido. Le ha reafirmado sus convicciones.
“Creo más que nunca en luchar por el pueblo palestino. Creo que todos podemos hacer algo por la liberación del pueblo palestino y brindarle mejores condiciones de vida a esos niños, niñas y a sus padres y familiares. Porque está claro que no somos nosotros quienes vamos a liberar al pueblo palestino; son los palestinos quienes se van a liberar. Nosotros somos quienes tenemos que sustituir a través de la solidaridad, lo que los gobiernos no hacen”.
En este sentido, Jorge no tiene reparos en hablar fuerte y claro.
“El gobierno de Uruguay y los gobiernos del mundo están siendo indiferentes ante una barbarie, porque hay un lobby sionista que es el dueño del mundo y hace y deshace a su antojo. Y vemos inclusive cómo la Comunidad Europea, excepto el gobierno de Pedro Sánchez de España, se arrodilla ante esta política. Los organismos internacionales están siendo indiferentes. Y personalmente, tengo una visión muy crítica sobre la posición del gobierno uruguayo frente a Palestina, respecto al genocidio, me duele la inacción permanente del Estado uruguayo respecto a los conceptos de la solidaridad y la necesidad de generar condiciones para abrir un corredor humanitario a un pueblo que está siendo asediado y bombardeado. Porque lo que está llevando adelante el gobierno sionista de Israel es una política de apartheid que busca exterminar a todo un pueblo. Por eso ser indiferente ante esta situación no es tibieza, no es ignorancia, no es indiferencia; es complicidad”.
Jorge, el de la tos húmeda, el de la piel curtida, el de los lentes rotos durante el asalto al barco en el que se encontraba y reparados con cinta aisladora, dice que nada de lo vivido lo hará desistir en su actitud militante de la causa palestina. Y que está dispuesto a volver a subirse a otro barco el año próximo, si es que le toca participar de una nueva flotilla solidaria humanitaria.
“Si el año que viene me toca volver, lo haré y lo seguiré haciendo hasta que hundan con un barco. Porque sé que detrás de mí vendrán otros compañeros y serán más y más y el corredor humanitario seguirá llevando solidaridad al pueblo palestino. Porque ese es nuestro objetivo. Y no podrán matarnos a todos”.