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El periodista cuestionó el silencio oficial sobre Cuba y aseguró que “no se puede gobernar con temor”
Leandro Grille: "Un acto de guerra ilegal e injustificado"
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Leandro Grille
Leandro Grille

El periodista Leandro Grille advirtió que el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y el recrudecimiento de las hostilidades constituyen “un acto de guerra completamente ilegal e injustificado” y denunció que Washington busca asfixiar energéticamente a la isla y presionar a otros países para que rompan convenios de cooperación médica. En ese contexto, criticó la falta de pronunciamientos firmes en la región y sostuvo que “no se puede gobernar con temor”. En cuanto a Uruguay, distinguió dos planos, la sociedad y el Estado. “Las fuerzas sociales se están organizando para ayudar. Me refiero al PIT-CNT, al movimiento social, a la gente. Otra cosa es el Estado uruguayo, que está teniendo una actitud completamente prescindente”.

Grille, nacido en 1979 en La Habana, analizó la situación actual de la isla frente al recrudecimiento del asedio de Estados Unidos en el Caribe. Integrante de la revista Caras y Caretas, vivió en Cuba hasta los seis años, cuando sus padres -uruguayos exiliados- regresaron a Montevideo tras el fin de la dictadura.

“Mis padres habían llegado a Cuba en el año 1976, mi papá había estado preso y se escapó de la cárcel y logró asilarse junto a mi mamá y a mis hermanos mayores en la embajada de Venezuela durante unos meses, eso fue todo un escándalo internacional pero finalmente por un salvoconducto lograron salir hacia Venezuela y de ahí a Cuba donde llegaron en el año 1976. Tres años después nací yo junto con mi hermano mellizo Carlos, poquito antes en el año 1977 había nacido Mateo también en Cuba, yo tengo dos hermanos que nacieron en Cuba. Nosotros vivimos en la isla hasta que terminó la dictadura en Uruguay, hasta el año 1985”.

“Lo que yo viví fueron esos primeros años, o esa primera infancia, pese a lo cual la primera infancia no es la edad de la memoria estrictamente, pero tengo bastantes recuerdos, porque como diría el poeta Rainer Maria Rilke ‘la única patria que tiene el hombre es su infancia’, entonces lo recuerdo como un momento muy feliz además de mi vida”, cuenta en diálogo con el Portal del PIT-CNT.

“Por suerte, tuve una infancia muy feliz, mi madre trabajaba en Cuba como médica, mi padre estaba menos en Cuba porque cumplía ciertas tareas en el Partido Comunista Uruguayo y de la resistencia uruguaya a la dictadura, no solo del Partido Comunista, en general, de toda la concertación, y entonces viajaba mucho más, pero tanto yo como mis hermanos vivimos allí como cubanos, entre cubanos y siempre fuimos beneficiarios de una gran solidaridad no solo del Estado cubano, que indudablemente nos acogió a nosotros como tantos exiliados, sino del pueblo, de la sociedad cubana”.

Grille afirma que esa etapa de su vida permanece como un momento profundamente feliz, en el que su familia fue verdaderamente acompañada, pese a ser una familia de uruguayos exiliados en un contexto muy distinto al resto del mundo. “Ahí tuve la posibilidad de acudir a los círculos infantiles que vendrían a ser como jardines de infantes en la etapa preescolar, mis hermanos mayores sí cursaban la escuela, eran mayores. Yo la escuela la cursé en Uruguay, porque cuando vinimos ya tenía 6 años”.

Consultado sobre cómo transmitir a las nuevas generaciones el significado del internacionalismo cubano, recordó que su maestra de primer año en Uruguay, Mercedes Terra, solía señalar que él repetía una frase de José Martí: “los niños nacieron para ser felices”. 

En esos años y hasta la caída del bloque socialista en los 90, “Cuba era una sociedad además de muy solidaria, muy próspera, extremadamente próspera si lo comparamos con el resto de América Latina”, afirma. Remarca que era una sociedad “igualitaria” y “con un nivel de vida muy alto en esos años, que fueron los primeros 30 años de la revolución cubana”. Sin embargo, pese a ser muy próspera, era también profundamente internacionalista.

Recordó que hacia mediados y fines de los años 70 Cuba lanzó la Operación Carlota y que cientos de miles de cubanos participaron en las guerras para liberar a Angola o contribuir con la resistencia en Sudáfrica para que cayera el apartheid. “Más de 2.000 cubanos cayeron en esos combates que terminaron siendo definitorios en la caída del régimen racista que tenía preso a Mandela”.

Añadió que en América Latina era la época de las dictaduras y del Plan Cóndor. “El contraste era fenomenal, porque Cuba era una sociedad progresista, solidaria y próspera. Insisto en la prosperidad porque si bien el bloqueo económico de los Estados Unidos ya se había desplegado desde principios de los 60, de todos modos no tenía tanto impacto sobre Cuba porque estaba muy compensado por la solidaridad y el apoyo del bloque socialista, de los países del Este de Europa y de la Unión Soviética”.

Explicó que Cuba orientaba hacia esa zona su producción, sobre todo azucarera y de níquel, y recibía petróleo, maquinarias y otros productos en condiciones favorables. Sin embargo, con la caída de la Unión Soviética, “toda la economía cubana que estaba relacionada y dirigida hacia esos países se vio rápidamente deteriorada porque dejó de recibir petróleo, cuyo suministrador principal era Rusia, dejó de tener esos compradores de su producción, entonces perdió prácticamente la mitad de su producto bruto y entró en lo que Fidel Castro definió como un ‘período especial’, que duró varios años y que fue tremendo en términos de sacrificio y resistencia”.

Agregó que en los últimos 35 años Cuba ha atravesado, con altibajos, “tiempos de mucha resistencia” y que nunca recuperó la situación de aquella etapa, aunque durante las presidencias de Hugo Chávez en Venezuela tuvo un alivio importante gracias al intercambio energético en el marco del ALBA.

Esa sociedad cubana de los primeros 30 o 40 años “hoy no es igual, aunque existe todavía una importante reserva moral en la población cubana. No es lo mismo 30 años de prosperidad que 30 años de resistencia en el marco de un hostigamiento que es permanente”.

“Incluso en estos tiempos de resistencia, entre otras cosas por esa prédica extraordinaria de Fidel, que era excepcional, se desplegaron los mayores contingentes médicos, se creó la Escuela Latinoamericana de Medicina, se desarrollaron planes de alfabetización y planes para la salud ocular como el que se aplicó en Uruguay. No fue una etapa de retroceso, sino de avance”, remarcó.

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Respuestas dispares

En los últimos días, Estados Unidos intensificó el bloqueo y trató de detener el suministro de petróleo, además de presionar a gobiernos de otros países para que interrumpan convenios de asistencia médica. “Lo hizo con Guatemala, Honduras, Guyana y Paraguay. Estados Unidos les da la orden, pero estos países tampoco tienen forma de sustituir esa atención y terminan perjudicando a sus propias poblaciones”.

“Cuando asumió Jair Bolsonaro en Brasil expulsó a 10.000 médicos cubanos, y eran los que atendían en los lugares más recónditos. En un mundo donde las tendencias individualistas llevan a una competencia con la crueldad, cómo explicar que existe un proyecto de sociedad vertebrado sobre la base de la solidaridad o el internacionalismo. Para quienes lo vivimos está interiorizado, pero para un joven qué significa que un país comparta lo que tiene aunque sea escaso”, planteó.

Agregó que “los jóvenes deben sospechar, deben decir ‘habrá algo atrás’, y la verdad que no había nada atrás, como no había nada atrás cuando mandaban vacunas para Uruguay. Siempre es una cuestión de solidaridad, más allá de que legítimamente Cuba haya hecho convenios con países, que tienen un costo, porque el intercambio no tiene nada de malo”.

Sobre la reacción regional, señaló que “México ha hecho un esfuerzo importante por enviar solidaridad significativa”, aunque su presidenta, Claudia Sheinbaum, enfrenta fuertes presiones de Estados Unidos en un contexto de amenazas comerciales y tensiones bilaterales.

En cuanto a Uruguay, distinguió dos planos, la sociedad y el Estado. “Las fuerzas sociales se están organizando para ayudar. Me refiero al PIT-CNT, al movimiento social, a la gente. Otra cosa es el Estado uruguayo, que está teniendo una actitud completamente prescindente”.

“Quiero decirlo con firmeza y con indignación, porque yo soy uno más de los tantos uruguayos que fuimos beneficiarios de la solidaridad de Cuba. Me parece sorprendente que Uruguay no tenga una actitud más digna, aunque sea en retribución de esa solidaridad. Y más sorprendente de parte de un gobierno de izquierda”.

Grille reconoció que Uruguay no es un país petrolero y no puede resolver el problema energético cubano, pero recordó que es productor de alimentos y ha demostrado capacidad de ayuda en otras circunstancias. “No sólo el canciller ha dicho que si hay alguna ayuda será simbólica, sino que además lo dijo de una manera casi despectiva. Y no hay un solo pronunciamiento de la Cancillería sobre un bloqueo petrolero que es completamente ilegal. Es un acto de guerra contra un país de América Latina. Decir que Cuba es una amenaza inusual y extraordinaria para Estados Unidos es una imbecilidad y no hay ninguna respuesta”.

“La respuesta del Estado uruguayo me parece desoladora. Es increíble. Además es una actitud que esconde una gran pusilanimidad. Porque podés no mandar nada, pero al menos podías hacer un comunicado. Yo descarto que las autoridades consideran que lo que está haciendo Estados Unidos está mal, pero no lo dicen. Y si no lo dicen, por algo es. Me parece que no lo dicen porque temen represalias. Y yo creo que no se puede gobernar con temor. Lo digo con dolor”. También se planteó “qué pensaría Raúl Sendic Antonaccio, cuya familia estuvo refugiada en Cuba”.

Recordó a la actitud totalmente distinta de los gobiernos de Tabaré Vázquez y José Mujica. “Tabaré Vázquez, cuando asumió en marzo de 2005, retomó las relaciones diplomáticas con Cuba que había interrumpido Jorge Batlle. Y en el gobierno de José Mujica se condonó la deuda que tenía Cuba con Uruguay en compensación por la Operación Milagro. Ambos dieron una muestra concreta de solidaridad. A mi gusto demostraron otra estatura en una circunstancia geopolítica muy compleja, porque tampoco en ese momento la vida era una fiesta”, puntualizó.