Jaime cura heridas. En realidad maneja grúas, a eso se dedicó durante casi toda su vida, pero ahora también cura heridas del alma. Es uno de los referentes sindicales que coordina y empuja para que no le falte un plato de comida a mucha gente que se quedó sin trabajo.
Jaime Castillo trabaja en Tsakos Industrias Navales y milita en la UNTMRA. A Jaime lo conoce todo el mundo. No hay nadie que no conozca a Jaime allí por la vuelta de Nuevo París y el Villa Teresa porque camina entre la gente del barrio, porque siempre pregunta qué se precisa, porque maneja grúas y porque cura heridas del alma.
Cuando la emergencia sanitaria impactó en la economía y afectó directamente el trabajo de miles de compatriotas, unos cuantos referentes de la zona de Nuevo París se reunieron en el Club Villa Teresa y pensaron juntos la mejor forma de actuar colectivamente. Al inicio fueron unas 37 ollas populares y actualmente quedan unas 14 que elaboran alimentos para unas 1500 familias de Nuevo París, Sayago Norte y el barrio Villa Teresa. No es fácil alimentar diariamente a unas 3700 personas. Y no siempre hubo carne, pollo o gallina para el guiso. Por eso cuando la empresa Tsakos llamó al sindicato y les preguntó de qué manera se podía colaborar con la movida solidaria de las ollas, la respuesta fue concreta: se precisa carne, pollo, lentejas, se necesita mucha cosa. Todo es bienvenido. La empresa resolvió aportar 10 mil dólares en tres partidas de 2500 dólares destinadas para la compra de alimentos para las ollas que apuntala el sindicato, con la referencia barrial y social ubicada en el Club Villa Teresa y un monto similar en tarjetas de alimentación por valor 500 pesos cada una.
Olla gigante
El próximo sábado 27 de junio, en Dr. Carlos María de Pena y Yugoslavia, donde funciona el salón comunal "Para Todos", se va a preparar un guiso carrero gigante en una olla de 1000 litros. La idea es que cada referente de la zona lleve sus ollas y las cargue allí con el guiso para llevar a sus núcleos de vecinos y vecinas.
Para mover la olla gigante y poder cocinar un guiso de esa magnitud, se necesita una grúa y alguien que la maneje. Y allí aparece otra vez Jaime.
"Si llueve mala suerte, el guiso se hace igual. Pondremos un toldo, una lona, no sé, pondremos lo que haya que poner, pero el guiso se hace igual".
Por estas horas, se están tramitando los permisos correspondientes para que todo esté en regla. "Vamos a seguir atentamente todo lo que nos indique el protocolo en materia sanitaria porque no podemos descuidar detalles, no se puede juntar mucha gente y vamos a ser muy responsables en el manejo de cada aspecto de la movida solidaria".
Jaime dijo al Portal que si la movida sale bien, la idea es hacer circular la olla por otras zonas, como forma de desplegar solidaridad en otros barrios. "Hay que moverse porque la verdad, la situación está dura".
Jaime está acostumbrado a cargar diariamente unas cuantas toneladas con las grúas que maneja. Pero dice que lo que más le pesa es escuchar a una madre cuando se le acerca en el barrio y le explica que no tiene nada para darle de comer a sus hijos. "Eso te parte en mil pedazos, tumba al más duro".
Jaime dijo al Portal del PIT-CNT que lo que conmueve es ver a tanta gente que deja horas de descanso, horas con sus familias, y se arrima a dar una mano. "Hay gente que está muchas horas lavando, pelando y cortando verduras, son los vecinos, vecinas, compañeros y compañeras del movimiento sindical que dejan el alma. Y uno acompaña, los ve y se emociona".
De pan y de trabajo
Jaime Castillo de chico juntó uvas, hizo changas en Alpargatas y en Fripur y a los 18 años ingresó a la ANP. Años duros. Cuando comenzó a trabajar allí, en 1979, el Puerto de Montevideo estaba invadido por uniformes y botas de los Fusileros Navales (FUSNA). Vio y vivió de todo. El terror, la represión, el miedo. También aprendió que la solidaridad se construye en silencio. Con perfil bajo. Cada día. Mientras trabajó en el Puerto, fue testigo de hechos históricos como la llegada de Wilson Ferreira Aldunate al Uruguay después de un largo exilio. "El operativo fue imponente. Había una tensión nerviosa que cortaba el aire. Es como si ahora mismo lo estuviera viendo". La militancia es parte de su vida. Ama hacer algo por los demás. Se reconoce un integrante "de la guardia vieja", de otros tiempos. Sostiene que ahora las cosas han cambiado bastante pero tampoco se queja. No se acostumbra a algunas cosas del siglo XXI en el que todos andaban corriendo y mirando sus celulares sin prestar demasiada atención a la gente. Pero aplaude que en tiempos difíciles como los actuales, haya vuelto a emerger la solidaridad en cada barrio. Confía en que cuando pase todo esto, la gente habrá aprendido algo y recordará que la solidaridad es lo que mueve a los de abajo. Y no tiene problemas en elogiar a la empresa cuando hace algo por los que menos tienen. Dice que en los Consejos de Salarios "nos vamos a pelear pero después tratamos de sumar y pensar en lo que se puede hacer por la gente".
A Jaime no le falta tanto para jubilarse. Ha cargado de todo en la vida con sus grúas. Imposible calcular cuántas toneladas lleva levantadas en 40 años de trabajo. Dice que cuando se jubile irá a las canchas a ver a sus tres hijos que juegan al fútbol en Rampla Juniors, Villa Teresa y Fénix y que seguirá caminando por el barrio, charlando con los vecinos, preguntándoles si precisan algo.
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