Palabras pronunciadas por el presidente del PIT-CNT, Marcelo Abdala, el jueves 30 de julio de 2026, en el Salón Azul de la Intendencia de Montevideo, en ocasión de la apertura de las actividades conmemorativas de los 60 años de la fundación de la CNT. Abdala, recorrió la historia del movimiento sindical uruguayo desde sus orígenes hasta la actualidad, reivindicó la unidad en la diversidad como una construcción democrática y llamó a proyectar una estrategia de desarrollo con justicia social, educación e innovación para enfrentar los desafíos del futuro.
Señor presidente de la República, profesor Yamandú Orsi, muy bienvenido; expresidente de la República, Julio María Sanguinetti; Héctor Cancela, rector de nuestra casa mayor de estudios, la Universidad de la República, con quien tantos trabajos comunes tenemos en la perspectiva del desarrollo y que nos acaba de obsequiar a nuestro PIT-CNT un cuadro muy hermoso que, me explicaba, “son tres pájaros que simbolizan la unidad de la clase trabajadora”, y una placa conmemorativa del 60º aniversario de la CNT, ejemplo de construcción democrática, firmada por la Universidad de la República en el día de hoy. Muchas gracias.
Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo; legisladoras, legisladores presentes de distintos ámbitos; Fernando Pereira, hermano, que sos de aquí y vas a seguir siendo de aquí, como siempre conversamos, como siempre dialogamos; compañeras y compañeros de distintas organizaciones internacionales aquí presentes -representación de IndustriALL y de la CTB de Brasil-; compañeras, compañeros todos del movimiento sindical:
Es un honor para mí haber sido designado a este que es un acto de lanzamiento que no culmina, sino que abre un proceso de conmemoración del 60 aniversario de la unidad sindical, que comienza hoy, que termina el 3 de octubre, donde seguramente todas y todos ustedes estarán invitados a un acto de gala de la Comedia Nacional en nuestro Teatro Solís, y que en medio tendrá toda una serie de mesas redondas, debates de las distintas dimensiones del quehacer sindical en su unidad con el movimiento estudiantil, la academia, el conjunto de organizaciones del campo popular en su interacción con el sistema político, en la perspectiva -en este mundo tan conmovido en el que transitamos- de contribuir prendiendo luces largas desde el punto de vista del desarrollo.
Asimismo, se va a emitir un sello conmemorativo del Correo Nacional; va a haber actividades descentralizadas, en principio en el litoral, en el norte del país, en el este; van a desarrollarse actividades en cooperativas de vivienda, donde están también allí todavía viviendo los constructores de la unidad. Es decir, que en el día de hoy estamos abriendo esta campaña de conmemoración, de una manera absolutamente abierta, amplia. Esperamos la participación de todos y de todas en las distintas actividades.
“Construyendo futuro desde los cimientos” es la consigna central que aprobamos. Qué profundidad y también qué responsabilidad, porque habla de una acción que viene de lejos pero que se mantiene y que se pretende continuar. No habla de la historia desde el bronce, no habla de la historia maniquea, habla de procesos muy hondos.
En 1880 se iniciaba una huelga de los mineros allá en el norte del país, en Minas de Corrales, un lugar de altísimo desarrollo, la primera represa hidroeléctrica del país. Se estaba en medio de una explotación de una empresa inglesa desarrollando la minería -en aquel momento era el departamento de Tacuarembó, hoy sería el departamento de Rivera-, y estos trabajadores se levantaron en huelga por las ocho horas de trabajo. Dicen las historias, la memoria que a veces queda borroneada en el conocimiento, que había muchos emigrados franceses en esa labor que fueron fusilados, que fueron duramente reprimidos. Ya Lorenzo Latorre, protagonista digamos de la modernización capitalista del país, culminaba su gestión gubernamental diciendo: “Los uruguayos son ingobernables”.
En 1890 nuestro país es de los pocos que conmemora por primera vez el 1º de Mayo al llamado de la Internacional. En 1905 nace la FORU, la Federación Obrera Regional del Uruguay, e impulsa ese año manifestaciones solidarias con las huelgas de masas que se producían en Rusia. Naturalmente que un movimiento obrero germinal, haciendo su proceso de aprendizaje, que desde el principio es una argamasa sumamente compleja, una mixtura, absolutamente compleja, dialéctica, donde queda la memoria difusa también del criollaje artiguista -esa rebeldía que se mixtura con las corrientes migratorias-. Nuestro país siempre fue y debe seguir siéndolo un país abierto a la migración de trabajadoras y trabajadores, en particular europeos, que venían con su saber hacer, con su oficio, pero también traían sus experiencias de lucha de Europa y su ideología.
Esos procesos de aprendizaje en medio de una singularidad, porque nuestro país era a principios del siglo XX avanzado desde el punto de vista de la legislación social, laboral, del Estado de bienestar; las experiencias de las luchas de acción directa, de los pliegos de reivindicaciones, de huelgas importantes que siempre antecedieron las conquistas legislativas, aunque también obviamente que esas huelgas importantes son una cosa frente a la represión y son otra cosa cuando hay gobiernos amigos o con una sensibilidad social proclive a impulsar la buena vida de la gente.
Los caminos de la heterogeneidad de diferentes organizaciones: desde adentro mismo de la FORU nace la Unión Sindical del Uruguay en 1923; luego a su vez la USU se divide, nace la CGT. Los trabajadores en distintas organizaciones se juntan, hay una hipótesis que tenemos: en primer lugar, si existe eso de la memoria genética de los movimientos sociales, esa mixtura entre el criollaje y el recuerdo del criollaje artiguista con la migración europea y esa “uruguayez” que cristaliza en el movimiento obrero. Otra perspectiva siempre y en todo momento: el internacionalismo. Porque además de esto que yo ejemplificaba, que aquí se hizo el primer 1º de Mayo dentro de escasos países que lo conmemoraron en 1890, o de esta movilización en solidaridad con las huelgas rusas de 1905, el movimiento sindical se empieza a juntar, a conversar, a desarrollarse en los barrios al calor de la situación tenebrosa que se atravesó a partir de 1936 en la solidaridad con la República Española, en donde inclusive, a pesar de las acciones comunes de solidaridad, coexistían la histórica FORU, la USU, la CGTU.
La mixtura también y la interacción entre los cambios en la institucionalidad y los formatos de construcción del movimiento sindical. En el año 1943 se desarrolla una forma singular en nuestro país de negociación tripartita por rama de actividad: los Consejos de Salarios, que inducen también, en una interacción con el movimiento obrero en lucha, a la organización de grandes agrupamientos sindicales ya no de empresa ni de oficio, sino de rama de actividad, para poder participar con mayor eficacia en los Consejos de Salarios. Nace la Unión General de Trabajadores (UGT); se procesan aprendizajes importantes desde el punto de vista de la unidad de acción hacia los Consejos de Salario, la solidaridad, las dificultades, las visiones maniqueas, las expresiones del sectarismo y de la división que también estuvieron presentes en nuestra trayectoria histórica. Quedan múltiples dirigentes y gremios desconectados de la UGT y nacen los gremios solidarios, clasistas, combativos; nace también la CSU. También tuvimos en nuestro país una central orientada directamente por el Departamento de Estado de los Estados Unidos que fue achicándose por el aumento de la gravitación del movimiento sindical de clase.
En 1959 se disuelve la UGT. ¡Vaya decisión! Qué difícil por el cariño que había significado la presencia de la UGT en contingentes importantes de los trabajadores, y se empieza a destilar o acelerar el camino de la unidad. Y esa unidad, que es lo que hoy comenzamos a conmemorar y que tomamos una fecha solamente como referencia -29 de septiembre, 30 de septiembre, 1º de octubre, el Congreso de Unificación de la CNT-, abreva de esta tradición pero la supera.
Esa misma unidad: una unidad de un sindicalismo de clase que no por ello deja de tener siempre la propensión de representar a las grandes mayorías nacionales, populares, de los sectores vulnerados o postergados en esta sociedad. De hecho, la CNT no configura un programa aparte; hace suyo la elaboración del Congreso del Pueblo, donde no participaron solamente trabajadores, sino sectores laboriosos de la ciudad y el campo, pequeños comerciantes, industriales, trabajadores, productores familiares agropecuarios, el mundo de la academia, de los profesionales, de los jubilados, de los representantes de los inquilinos.
Una unidad acelerada por el peligro, una unidad que tentó una perspectiva de acumulación de fuerzas pero que también tuvo un sentido defensivo, porque se acelera tomando la decisión antes de que cristalice del todo en el año 1964, con el golpe de Estado en Brasil, y en donde el movimiento sindical, antes de constituir del todo su unidad, resuelve que si hay un golpe de Estado en Uruguay se iba a responder con la Huelga General por tiempo indeterminado con ocupación de los lugares de trabajo.
Y cualquiera puede darse cuenta, observando luego la masividad de una lucha realmente trascendente, emocionante, una gesta de la clase trabajadora rodeada de todo el pueblo, del movimiento estudiantil, del quehacer universitario, pero también de todos los sectores democráticos del conjunto de los partidos que se oponían a la dictadura. Fue una huelga tan de masas que cualquiera puede darse cuenta que no fue resuelta administrativamente y luego comunicada administrativamente desde la Federación del Vidrio para que la gente, disciplinadamente a las 5 o 6 de la mañana, fuera a tomar los distintos lugares de trabajo; que se discutió democráticamente en los gremios, en las direcciones, en las asambleas. Es decir, un proceso defensivo porque ya se veía que quería venir la contraofensiva del imperialismo en ese momento en América Latina, y pensando en una acumulación de fuerzas que funde una sociedad distinta, una sociedad más humana, una sociedad solidaria, sin exclusiones.
Pero unidad que no implica unanimidad. Unidad que no implica una versión burocrática de una central de dirigentes. Unidad de un sindicalismo de clase y desde el pie, yendo a los lugares de trabajo, construyendo asamblea, organizando ese enorme democratismo que implica la vida sindical, en la cual, si tú no estás conectado a los lugares de trabajo, evidentemente que ni siquiera podés imprimirle al movimiento sindical una orientación responsable.
Unidad en la diversidad, ayer, hoy y siempre. En la diversidad porque el mundo de la vida de los trabajadores, el mundo del trabajo de los distintos segmentos de la clase trabajadora, está unida por el hecho de que para reproducir su vida se ve obligada a la venta de su capacidad de trabajo, pero es absolutamente heterogénea. Porque naturalmente no es lo mismo un compañero o compañera asalariado rural en su vida laboral que otros segmentos de la clase trabajadora más profesionalizados, o por la oposición entre el trabajo manual e intelectual. Unidad en la diversidad de los distintos mundos del trabajo que se trenzaron en la unidad del movimiento sindical, y unidad en la diversidad también de las más diversas ideas que han confluido y que han contribuido a ir armando esa unidad del movimiento sindical.
Una segunda hipótesis interesante es que esa primera mixtura que yo decía en el origen, del criollaje con recuerdo artiguista y los emigrantes europeos instalados en nuestro país, es una mixtura del saber hacer y el aprendizaje de los trabajadores, de las experiencias de los distintos gremios múltiples en su mundo de la vida del trabajo, y un aprendizaje recíproco de las distintas tendencias y opiniones -sin exclusiones, que de buena fe participan en el movimiento sindical- para mejorar la vida. Porque, efectivamente, por ejemplo nosotros participamos en el homenaje nada más y nada menos que de León Duarte, un hombre que venía de la tradición libertaria, un hombre anarcosindicalista, pero que fundamentaba desde el punto de vista de su teoría la importancia de la participación política de los trabajadores, y el resto de las direcciones que podrían haber tenido una lectura burocratizante del movimiento sindical permanentemente defendían la necesidad de mantener la independencia del movimiento sindical para que cumpla efectivamente su función, siempre pensando en promover una vida basada en la fuerza colectiva de los trabajadores, pensando en una sociedad que apunte a promover y a maximizar la cooperación de los seres humanos.
Por esa razón no es casualidad que en los estatutos de la CNT, que se mantienen hoy en el PIT-CNT, se hace referencia a la lucha por las reivindicaciones inmediatas, se hace referencia desde el punto de vista de promover ya no solamente reivindicaciones inmediatas sino una perspectiva más amplia de un programa de transformaciones, pero se hacen referencias muy claras en que, en último término, la acción sindical tiene un horizonte de apuntar hacia una sociedad sin explotados ni explotadores.
Naturalmente que estos 60 años son absolutamente riquísimos. La gesta de la Huelga General, las trabajadoras y los trabajadores presos, la resolución de la dictadura de que las patronales podían despedir a todos los huelguistas sin pagar la indemnización.
La generación que fundó la herramienta -veo aquí a Daniel Baldassari, que aparece muy jovencito en la foto del requerimiento de la dictadura de toda la Mesa Representativa de la CNT como expresión de esa generación-. La generación de la resistencia en el exilio: ¡vaya si la CNT en el exterior hizo para aislar a la dictadura, para promover la solidaridad! La misma generación que hacía eso en el exilio muchas veces estaba pagando con cárcel nada más y nada menos que la lucha por la democracia, la lucha por la libertad. Y esa misma generación, en la tríada de actividades que se impulsaron, dio su vida en la clandestinidad para defender la democracia. Veo a Ignacio Martínez de esa generación: militante clandestino, exiliado, luchador por la resistencia, y veo a varios de ese período en donde para defender la democracia te jugabas la vida.
La salida democrática, que pudo haber sido solamente un diálogo de cúpulas de determinados sectores políticos -y no está nada mal que los sectores políticos dialoguen en una perspectiva de encontrar una salida-, pero fue el movimiento sindical el que generó, después de esa resistencia heroica de clandestinidad, de resistencia, inclusive de huelgas durante la dictadura como hicieron nuestros compañeros de la construcción o como hicieron los compañeros del metal parando el 1º de Mayo cuando la dictadura resolvió que se cambiaba la fecha para el 5 de mayo; fue el movimiento sindical quien inundó de gente la escena nacional, la inundó de masas con ese tan lindo 1º de Mayo de 1983 con Ciganda, con Toriani. Esto vaya si fue recontra importante. Veo a Richard Read aquí, protagonista justamente del PIT que luego se trenzó con la clandestinidad y que fue y es PIT-CNT.
Las luchas contra el neoliberalismo, lo que podríamos caracterizar el Consenso de Washington, permanentes en defensa de la negociación colectiva, tratando de promover verdad y justicia, luchando contra la impunidad de manera sistemática, pero consiguiendo en esos procesos, para ser absolutamente sintéticos, una cuestión que es crucial: cuando en el año 1992 y en otras expresiones, junto a distintos sectores sociales y políticos, logramos evitar la privatización en pleno de los entes del Estado, de las empresas públicas, que si no las tuviéramos... por ejemplo, pensar lo que sería este país sin ANTEL, no podríamos haber dado seguimiento a la educación durante la pandemia, no tendríamos reticulado de fibra óptica en el país, no podríamos apoyarnos en estas plataformas que son parte del capital social acumulado por nuestro pueblo para que sean efectivamente palancas del desarrollo tecnológico, social y democrático del país. Como ejemplo de la generación que abordó las batallas a posteriori de la conquista democrática, veo a Juan allí, que cumplió un rol destacado en ese instante.
La importancia de nuestra acción cuando soplaron vientos diferentes en América Latina con los gobiernos progresistas y una constatación que es muy importante, aunque molesta: el movimiento sindical comprometido desde una perspectiva del análisis del quehacer económico, político, ideológico y cultural, porque tratamos de promover visión de conjunto. La independencia de clase del movimiento obrero, la autonomía con que toma sus decisiones, la autarquía diría la Organización Internacional del Trabajo de cómo se organiza, no es prescindencia política; es un actor político-social desde un movimiento social como el movimiento de los trabajadores. La independencia del movimiento sindical es cuestión de principios y hay que mantenerla y desarrollarla en cualquiera de las condiciones en que se desarrolle la realidad política del país.
Y naturalmente hoy enfrentados a fenómenos absolutamente complejos, con mucha modestia porque no tenemos la varita mágica de saber por dónde podrían pasar las soluciones ¿quién podría tener la varita mágica de por dónde podrían pasar las soluciones cuando aparecen tecnologías tan disruptivas que en definitiva te impiden saber en qué se va a poder trabajar en un período de 5 o 10 años? por la velocidad de la irrupción de este cambio cuántico en el desarrollo de las fuerzas productivas, lamentablemente manteniendo aún congeladas, cristalizadas, las relaciones sociales en que vivimos.
Pero otro elemento de esa mixtura podríamos decir que tiene que ver con que siempre y en todo momento, en el acierto y en el error por supuesto, los que luchamos en el movimiento obrero, en el movimiento sindical, no luchamos tan siquiera para el aquí y el ahora. No estamos implicados en una ética utilitarista; no le venimos a sacar al movimiento sindical, le venimos a aportar lo mejor de nuestras vidas, tratando -si es que esta categoría se pudiera establecer del mismo modo que hay transferencias económicas intergeneracionales positivas cuando alguien deja algo mejor a las nuevas generaciones-, militamos siempre y en todo momento tratando de mantener un proceso de acumulación de fuerzas y dejando una transferencia intergeneracional para los que vienen de perspectivas y de esperanza, porque está bravo mantener perspectivas en este escenario y esperanza en este escenario.
Cada vez que insistimos en la necesidad de llegar a acuerdos que nos permitan, vía planificación estratégica, vía políticas públicas, diálogo social que se lleve a la práctica y se cumpla, acuerdos grandes con cabeza grande de país y de continente, una estrategia nacional de desarrollo; cuando concebimos que probablemente las formas de despliegue exacerbado de la desigualdad, si no encontramos las formas de organizar las relaciones sociales que nos permitan generar trabajo para todas y todos, hasta trabajar va a ser un privilegio. Y si a su vez no concebimos que probablemente la lucha contra la desigualdad o por la igualdad -que es lo mismo para nosotros que decir la lucha por la democracia, porque es lo mismo- se juega en que parte del acceso al conocimiento, de los procesos de construcción social, de la innovación a que nos vayamos a dedicar como sociedad, estén absolutamente distribuidos, lo cual supone sacar hacia arriba a todos los sectores postergados y fundamentar una estrategia de desarrollo intensa en conocimiento, en ética de la responsabilidad y en perspectivas para adelante.
Probablemente la forma actual, no la única, de luchar contra la desigualdad sea luchar por la educación y la innovación generalizada, con un fuerte actor de clase que esté en medio de esos procesos que naturalmente también deben provocar innovación en las relaciones sociales y en la sociedad en que vamos a trabajar.
Pareciera que en este 60 aniversario es posible construir futuro desde los cimientos abrevando de las mejores tradiciones de lucha del movimiento obrero y popular, dialogando con todos los sectores que naturalmente va de suyo el movimiento sindical dialogue, pero colocando esta perspectiva larga que supere como muchas veces estamos presos de las coyunturas para tratar de elevar la mirada y apuntar, con América Latina y en nuestro país, a una estrategia de desarrollo que no es nueva: aparece desde los aspectos fundacionales de la unidad sindical, de su gravitación, de su interinfluencia con la cultura nacional, con la institucionalidad, con el sistema político, con las relaciones complejas y contradictorias con el empresariado, pero que efectivamente puedan dar la nota con pegarle en el clavo a dos o tres claves centrales que nos permitan vivir mejor en este futuro que queremos construir, desde este presente tan complejo.
¡Por 60 años más y mucho más de unidad de la clase trabajadora!
Muchas gracias por su presencia.
¡Viva la CNT, viva el PIT-CNT, viva el pueblo uruguayo y su singularidad!