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«O nos salvamos juntos o nos hundimos separados»

La suspensión de espectáculos artísticos anunciada por el gobierno nacional, volvió a calar hondo en el ambiente cultural. A la ya compleja y delicada situación que se generó a partir del inicio de la pandemia, que afectó a miles de músicos, técnicos, sonidistas, iluminadores, gestores, actores, dramaturgos, vestuaristas y un vasto universo laboral relacionado a las artes escénicas, la música, la danza y las artes en general, este nuevo anuncio que frena la agenda cultural, supuso un duro golpe al sector que venía intentando reagendar espectáculos en salas con aforos acotados, con números casi siempre en rojo, producciones lindando las pérdidas y públicos también afectados por la crisis.

En este marco, más de 15 mil personas refrendaron un Compromiso por la cultura, impulsado por distintas figuras tales como Jorge Drexler, Gabriel Calderón, Luciano Supervielle, Ruben Rada, Estela Magnone, Emiliano Brancciari, Fernando Cabrera, Sebastián Teysera, Fabián “Fata” Delgado y Gerardo Grieco, entre otros.

Los firmantes elevaron un planteo al gobierno, al sistema político y a la sociedad, en el que exponían la realidad del sector cultural que según afirmaron, está atravesando un auténtico reto de supervivencia.

«Hoy necesitamos medidas urgentes para evitar la destrucción de un entramado cultural cuya construcción supuso un esfuerzo acumulativo de décadas que podría desvanecerse en forma vertiginosa. Eso configuraría una pérdida irreparable de patrimonio cultural y consecuencias muy graves a largo plazo».

Las urgencias a las que refiere el texto Compromiso por la cultura apuntan a la necesidad de implementar políticas públicas a corto, mediano y largo plazo. En este sentido, advierte sobre las consecuencias de la pandemia en el sector y especialmente en las trabajadoras y los trabajadores. «No podemos dejar caer a las personas que la impulsan. Son artistas, productores y gestores culturales, trabajadores y empresarios. Decenas de miles de personas se movilizan en torno a ocupaciones y oficios conexos a la cultura de enorme gravitación en las cuentas públicas y el empleo nacional.  No es solo talento o innovación: es industria y trabajo, economía creativa. El COVID-19  nos ha puesto a prueba. Ha expuesto en nuestro país debilidades históricas. Una precariedad del sector que aunque haya registrado avances importantes nunca conoció de soluciones de fondo. Las comprensibles medidas decretadas por las autoridades han interrumpido  la actividad del sector cultural o limitado muchísimo sus aforos. A las históricas dificultades, se les han sumado cargas gravosas, imposibles de remontar sin una política de Estado que le apoye. Esta incertidumbre no puede enfrentarse si no es juntos, sumando esfuerzos con ánimo cooperativo. Nos exige buscar soluciones imaginativas que sean a un tiempo audaces y pragmáticas y que abran campo a un nuevo escenario. Depende de todos los componentes de nuestro sistema político, Gobierno Nacional, gobiernos departamentales, instituciones públicas, partidos políticos que también sea el tiempo de una gran transformación hacia un sector cultural más pujante».

Con hambre no se puede pensar

Con el paso del tiempo y ante la imposibilidad de cubrir sus necesidades básicas, muchos trabajadores y trabajadoras de la cultura tuvieron que buscar alternativas alejadas de sus vocaciones para poder subsistir. Con hambre no se puede pensar, canta NTVG. Y sin salas, sin teatro, sin conciertos, no se puede seguir adelante ni pensar sociedades verdaderamente libres.

La Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) implementó desde al año pasado un sistema de canastas solidarias con alimentos no perecederos y artículos de limpieza  para cubrir necesidades básicas de cientos de afiliados que se quedaron sin ingresos.

Por estos días, la iniciativa ha cobrado un nuevo impulso y cuenta con el apoyo de las trabajadoras y los trabajadores de Sala Verdi, quienes resolvieron abrir las puertas de la institución capitalina para colaborar con sus colegas del sector independiente.

Según contó al Portal del PIT-CNT, el director de Sala Verdi, los trabajadores y las trabajadoras resolvieron apoyar las canastas solidarias que viene implementando la Sociedad Uruguaya de Actores desde el año pasado. El gestor Gustavo Zidan, explicó que ante el nuevo cierre de las salas de teatro y suspensión de espectáculos, el personal de Sala Verdi decidió comenzar a recolectar alimentos no perecederos y productos de higiene y limpieza para sumar a las canastas de SUA.

Las puertas de la sala estarán abiertas de lunes a sábado, de 8 a 12 del mediodía para recibir los aportes de la población.

«En el mensaje que le enviamos a la gente citamos a Juan Rulfo, por aquello que o nos salvamos juntos o nos hundimos por separado. Es muy triste lo que está sucediendo, muy doloroso. Mucha gente se está retirando definitivamente del sector cultural porque hace más de un año que no tiene ingresos. Y ha tenido optar por buscar trabajo en algo que no tiene nada que ver con lo artístico, con lo cultural. Hay gente que trabajaba -por ejemplo- en la actividad circense, que venía en un gran momento y que ahora están haciendo podas y jardines en la Costa de Oro. Hay músicos que ahora están pintando casas para sobrevivir. Lo decía (Ruben) Rada en una entrevista en Búsqueda, seguramente cuando esto vuelva a ser como era antes, va a haber gente que ya no va a estar en la actividad, que tuvo que agarrar para otro tipo de laburo porque ya no podía vivir. Lo que estamos intentando con esto es tratar de alivianar un poco, porque sin dudas una canasta no es solución. Pero tratamos de darle una mano para que tengan cubierto eso tan básico como es la alimentación.

El futuro preocupa

Según el director de Sala Verdi, a los problemas económicos que ha provocado la pandemia en el sector cultural, hay que agregarle otros impactos.  «Hay que evaluar el impacto que ha causado en el ánimo de las trabajadoras y los trabajadores de la cultura, la falta de ensayos, de encuentros, del contacto con el público, además de lo material y la falta de un salario para vivir. Todo esto impacta y afecta mucho. Ya es muy complicado seguir adelante con problemas y dificultades para pagar el alquiler, la comida, la luz y los gastos, pero imaginemos que además está lo emocional. Es devastador. Particularmente la actividad cultural ha estado sumamente castigada y las políticas que se han llevado adelante del sector público no han alcanzado para nada, no son ni siquiera migajas. Se necesita una inyección fuerte de recursos por lo menos para que la cultura se pueda mantener de pie o a la orilla del camino, para reincorporarse cuando esto comience a moverse de nuevo».

Así las cosas y en las actuales condiciones, Zidan considera que «la cultura se está alejando cada vez más de esa orilla».