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Alberti: "Hay gente con hambre"

Y un día el planeta volvió a crujir y las personas se encerraron en sus casas y millones por todas partes se quedaron sin saber qué hacer ni qué decir. El miedo muchas veces paraliza.

Las rutinas cambiaron, casi todo fue distante, remoto o virtual y hasta los abrazos se quedaron solos.

En nuestro país, decenas de miles -por ahora o vaya saber hasta cuándo- se quedaron sin trabajo. Sin un plato de comida para sus familias. Así de crudo es el tiempo presente para los que viven de su trabajo, casi siempre al día, con facturas impagas que se acumulan porque los vencimientos no saben de empatía.

Inmediatamente que la realidad impactó de lleno en la clase trabajadora, el movimiento sindical hizo lo que hace siempre, ni más ni menos. Y así comenzó a desplegar su tejido solidario a partir del compromiso histórico de sindicatos, federaciones, militantes anónimos, veteranos y veteranas de otros tiempos y otras batallas, en las que la solidaridad -tal como ahora-  se ocupó de multiplicar la esperanza.

Cada madrugada, en la sede del PIT-CNT, militantes sindicales, y voluntarios que se ofrecen para dar una mano, ordenan y clasifican los alimentos que se acopian a la espera de ser trasladados a ollas populares, a comedores y distintos puntos en los que la palabra hambre no repara en colores, ni divisas, ni nada.

"No es como en otras crisis, porque por ejemplo allá por el 2002, los militantes sindicales, sociales, nos amontonábamos para dar una mano, éramos miles por todas partes tratando de hacer algo por los que estaban peor, pero ahora estamos viviendo una pandemia y eso nos requiere otros cuidados, y debemos ajustarnos a las recomendaciones sanitarias para cuidar la salud de la población". Así lo explicó al Portal del PIT-CNT, la responsable de organización de la central sindical, Laura Alberti.

De acuerdo a las pautas internacionales y recomendaciones de la OMS, la distancia social es clave para prevenir el avance del coronavirus COVID-19. 

Por ello, desde la Secretaría de Organización del PIT-CNT se tomaron los recaudos necesarios para respetar las indicaciones y cuidar la salud de las personas. "En este contexto de pandemia, organizar la solidaridad es mucho más complejo de lo que se puede imaginar", explicó Alberti.

"Aquí estamos"

La solidaridad ha sido una constante a lo largo de la rica historia del movimiento sindical, como así también de las organizaciones sociales que hoy día se nuclean en la Intersocial.

A la sede de la central, llegan camiones cargados de alimentos donados por sindicatos, cooperativas, pequeños y medianos emprendimientos que hacen sus aportes de manera anónima, pero también llegan familias, vecinas y vecinos, con lo que pueden. "Hay quienes vienen con un paquete de fideos y nos dicen 'esto es lo que puedo donar, compañeros, perdón que no tengo más para ayudar' y eso es impresionante, ver cómo hasta la gente que no tiene casi nada y que seguramente la está pasando mal, viene y da algo para ayudar a otro que también la está pasando mal".

Alberti aseguró que jamás se imaginó algo como lo que estamos viviendo a nivel mundial. "Si bien sabíamos que la realidad que nos esperaba a las trabajadoras y trabajadores en nuestro país iba a ser difícil, con escenarios complejos en los Consejos de Salarios, nunca pensamos en esto que está pasando".

La frialdad de las cifras no suele traducir la cruda realidad. "Hay gente que tiene hambre y  tenemos que asistirla porque eso el mercado no lo soluciona, ahí tenemos que estar los trabajadores y las trabajadoras organizados". 

Odio y veneno puntocom

Tal como lo ha denunciado el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, el movimiento sindical ha sido objeto de ataques informáticos, algunos dirigentes han sido amenazados de muerte y desde cuentas generalmente anónimas en redes sociales, se ha desplegado una campaña sistemática cargada de odio. Uno de los adjetivos más utilizados es "mugrientos". Pero también se apela a "muertos de hambre", entre decenas de epítetos.

Según contó Alberti al Portal, son innumerables las muestras de solidaridad de gente que llega durante todo el día a la sede de la central para ofrecer una mano. "Es como dice el Turco (Marcelo Abdala) que la gente no da lo que le sobra sino que lo que le falta, en este sentido es emocionante la respuesta solidaria de la inmensa mayoría. Pero también hay unos pocos, que pasan en auto y te gritan un insulto. Vienen familias caminando de lejos, para traer un paquete de arroz o de fideos, que es todo lo que pueden dar, se ofrecen como voluntarios para ayudar y por otra parte, hay unos poquitos que pasan y gritan un insulto y se ríen". Lejos de amedrentar, Alberti dice que son cosas que tonifican. "Como dice el dicho, hasta una patada te empuja hacia adelante. Nos emociona y nos compromete cada día más, cada gesto solidario por pequeño que sea, pero también nos hace más fuertes cuando nos atacan y nos pretenden callar. Nos enorgullecemos de ser trabajadoras y trabajadores, de ser militantes sindicales".