Y un día la vida cambió en cuestión de horas. El silencio invadió los shoppings, las grandes tiendas quedaron sin gente, los estadios vacíos, las canchas sin gritos, y ya no hubo razón para los cánticos, ni las banderas, ni los carros con hamburguesas, choripanes o refrescos.
En Uruguay, como en tantas otras partes del mundo, el coronavirus impactó de lleno en el comercio y ya se cuentan por decenas de miles las personas que vieron afectada su fuente de ingreso desde que el COVID-19 fue oficialmente diagnosticado en nuestro país. Desde entonces y en muy pocos días, la fragilidad de muchos vínculos laborales, el informalismo, la precarización del trabajo, la tercerización incluso hasta en el propio Estado, que ya habían sido denunciados por el movimiento sindical en los últimos años, ahora han quedado aún más expuestos como cara brutal del sistema que suele apelar a eufemismos para intentar suavizan lo escabroso.
En este contexto, hay sectores del comercio que se encuentran en situación crítica, sin saber cómo afrontar el día a día, al tiempo que otros han visto incrementadas sus ventas, como notoriamente ha sido el caso de los supermercados, y sus trabajadores han comenzado a tener que enfrentar otro tipo de problemáticas vinculadas a los riesgos sanitarios, exposición a posibles contagios ante la falta de cumplimiento de las normas pactadas para el ingreso y permanencia dentro de los locales, así como también, las dificultades inherentes a la reducción de las frecuencias del transporte colectivo, con sus derivaciones directas en materia de inseguridad y la demora de hasta tres horas para llegar de retorno a casa.
Según informó al Portal del PIT-CNT la integrante del Secretariado Ejecutivo, Abigail Puig, en la actual coyuntura, es imprescindible que las empresas cumplan lo acordado y controlen el ingreso y permanencia del público dentro de los supermercados. "Estamos en una semana especial en la que históricamente los supermercados se llenan de gente". Puig, quien además es secretaria de organización de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (FUECYS) explicó que en muchos casos al día de hoy las empresas no están realizando los controles de ingreso y tampoco se respeta que haya una persona del núcleo familiar por carro. Esto sucede porque la empresas alegan que no quieren tener enfrentamientos ni rispideces con las familias. "Hay cadenas que publicitan en TV sus comerciales con recomendaciones pero luego no controlan sus puertas", enfatizó.
Otra de las particularidades que FUECYS cuestiona es que dentro de los locales se puede ver a muchas familias asistir con niños, niñas y bebes. "Es un problema de actitud de la gente, claramente, pero también es importante que todos los supermercados controlen el ingreso".
Si bien algunas empresas ya disponen de protocolos de ingreso y permanencia, la seguridad laboral y las medidas preventivas para evitar la propagación del virus terminan quedando a consideración y voluntad de cada establecimiento.
En relación a la reducción de las frecuencias de distintas líneas de trasporte, Puig mencionó que algunas empresas aceptaron reducir la carga horaria de su personal para facilitar el retorno a sus hogares. "Hay quienes tardan dos o tres horas más de lo habitual en llegar a sus casas, especialmente la gente que tiene que tomar los ómnibus interdepartamentales. Hay cadenas que redujeron una hora e incluso dos el horario de atención al público pero el problema es que al haber muy poca gente en la calle, las trabajadoras y trabajadores del comercio quedan expuestos a la soledad de la calle y eso implica un mayor riesgo ante la inseguridad". En este aspecto, FUECYS elevó un planteo para que se considere la reducción del horario de funcionamiento de los supermercados, estableciendo como tope de funcionamiento las 19 horas. En este sentido, desde el sector empresarial se rechazó cualquier alternativa que implicara la reducción del horario de atención, así como también, la reducción del horario laboral sin pérdida salarial.
Ancho y ajeno
El mundo laboral que abarca FUECYS supone un universo de realidades disímiles. En la actualidad, las cortinas de hierro han bajado de manera intempestiva en vastos sectores del comercio y los servicios, tales como peluquerías, free shops de frontera, vendedores ambulantes, cuidacoches, pancheros, talleres, tiendas, shoppings, servicios tercerizados de limpieza, el área vinculada a los deportes y los espectáculos deportivos y eventos. En ese amplio abanico del mundo del trabajo del comercio y los servicios, decenas de miles de trabajadoras y trabajadores o bien han sido enviados al seguro de paro -en los casos que eso era posible- o directamente se quedaron sin nada.
Puig informó al Portal que hay empresas por ejemplo del sector informático y call center, que han mutado su realidad y la han adaptado al teletrabajo como forma de seguir adelante y mantener a sus trabajadores en sus casas. Según explicó la secretaria de organización de la Federación, desde la organización sindical se peleó por el reconocimiento de las nuevas condiciones laborales para que quienes ejercen ahora el teletrabajo no se vean perjudicados por los gastos extra de Internet, luz y agua de sus hogares.
"Hasta el momento, una empresa de call center aseguró una partida extra para que sus trabajadores afronten esos gastos, habrá que seguir insistiendo para que otras también lo entiendan".
De todos modos, Puig dijo que muchas de las problemáticas que se están planteando surgen como parte de un fenómeno nuevo, y que hay que analizar los escenarios actuales y futuros. "Todo indica que esto va a ser un proceso largo, que llevará meses, y deberemos comprender eso para analizar qué va a pasar después. Si estos trabajadores van a volver a sus lugares físicos de trabajo anteriores o si seguirán desarrollando el teletrabajo".
Para FUECYS, son muchas las interrogantes y menos las certezas de cómo se saldrá de esta pandemia y emergencia sanitaria, y cuáles serán las consecuencias del impacto en el mundo del trabajo.
"No sabemos cómo será ese día después, lo que sí sabemos es que hoy hay muchos trabajadores y trabajadoras sin poder cubrir sus necesidades básicas elementales, o en seguro de paro, o en condiciones muy precarias. Eso sí lo sabemos y de eso nos tenemos que ocupar como sociedad y como movimiento sindical". En este sentido, mencionó que las empresa deben asegurar el complemento económico salarial para sus trabajadores y trabajadoras enviados al seguro de paro. "Especialmente las grandes tiendas de ropa que en estos últimos quince años se han desarrollado de manera notoria dentro y fuera del país", acotó.
Por último, Puig destacó el rol de quienes desempeñan tareas de atención para la población. "Las compañeras y compañeros de la salud están en la primera línea y la sociedad debe seguir destacando su desempeño cotidiano. En otra línea, hay mucha gente que atiende a la población y que son muy necesarios, en los supermercados, en la alimentación, en el reparto del gas, en muchísimas áreas que no siempre tienen visibilidad y son realmente básicas para la gente".