Desde nuestro sindicato queremos informar que los trabajadores del buque Santa María del Mar se encuentran bien y han regresado a puerto en las últimas horas.
Más allá del alivio que esto significa, no podemos sentir conformidad ante el hecho de que episodios como este sean los que finalmente generen atención pública y social sobre las condiciones de trabajo y de seguridad que día a día enfrentan cientos de trabajadores del mar.
Estas situaciones, que para muchos pueden parecer fortuitas, son en realidad el reflejo del deterioro estructural del sector pesquero, del estado de la flota y de las condiciones en que se desarrolla la labor a bordo. Nuestro sindicato viene denunciando desde hace años, ante las autoridades competentes y ante la opinión pública, la precariedad, los riesgos permanentes y la falta de medidas efectivas para garantizar la vida y la seguridad en el trabajo.
El conflicto que desde junio se mantiene en el sector no es otra cosa que la expresión legítima de un reclamo por Seguridad y por Salvaguarda de la Vida en el mar. No reclamamos privilegios ni más salario, reclamamos seguridad y derechos básicos para trabajar sin poner en riesgo nuestras vidas.
Observamos con profunda preocupación cómo se degrada la profesión pesquera por parte de ciertos empresarios del sector, quienes con alarmante liviandad afirman que basta con una cédula de identidad para embarcarse, sin formación ni preparación alguna. Esta afirmación no solo denota un desprecio por la capacitación técnica y la seguridad en el mar, sino que revela un nivel de especulación moralmente cuestionable: se juega con la necesidad de miles de personas que hoy están desempleadas o perciben salarios que no les permiten llegar a fin de mes.
La intención de reducir los tiempos de capacitación en la Escuela Marítima representa un ataque directo a los estándares de seguridad y a la calidad profesional que históricamente ha caracterizado a nuestros trabajadores del mar. A esto se suma una práctica discriminatoria inadmisible: excluir a marineros con años de experiencia simplemente por estar sindicalizados. Esta persecución ideológica no solo vulnera derechos laborales fundamentales, sino que pone en riesgo la vida de quienes se embarcan.
El buque Santa María del Mar, construido en 1975, cuenta con 50 años de antigüedad así como el resto de la flota pesquera en promedio. Su operación exige conocimientos técnicos, experiencia y responsabilidad. Si esta embarcación hubiese sido tripulada por personas sin formación, contratadas únicamente para desplazar a trabajadores legítimos del sector, hoy podríamos estar lamentando una tragedia.
La pesca no es una actividad que admita improvisaciones. Requiere preparación, compromiso y respeto por quienes hemos dedicado la vida a este oficio.
Bastardear la profesión en nombre del lucro inmediato es una irresponsabilidad que puede costar vidas.
Por eso, exigimos que se respete la formación, la experiencia y los derechos de los trabajadores del mar.