El epistemólogo, filósofo y escritor boliviano, Rafael Bautista Segales, advirtió que desde Norteamérica se estaría “alentando a los capitales, sobre todo a los fondos de inversión en Sudamérica, al enfrentamiento transfronterizo entre los países de la región, lo que inevitablemente llevaría a una ‘proto balcanización’” que sería la imagen de la transición civilizatoria. No descartó que los EEUU puedan intentar secuestrar a Evo Morales, tal como lo hicieron con Nicolás Maduro, y aseguró que a Trump no le interesa Sudamérica ni su gente sino los recursos naturales. "Si tienen que borrarnos del mapa, lo van a hacer".
A más de un mes del inicio de las protestas en Bolivia, el conflicto político y social continúa profundizándose. Mientras los bloqueos se expanden hacia distintas regiones del país y las demandas comienzan a unificarse en torno a la renuncia del presidente, Rodrigo Paz, sectores movilizados denuncian persecución, creciente militarización y un escenario de fuerte tensión en el Chapare.
En esta entrevista, el analista Rafael Bautista Segales reflexionó sobre el papel del movimiento indígena-campesino y el rol “nefasto” que cumplen el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas y los grandes medios de comunicación en la actual coyuntura crítica que responde a una severa crisis económica, marcada por la inflación y la escasez, combinada con el rechazo a las recientes políticas de libre mercado impulsadas por el gobierno del presidente Paz.
A la vez, Rafael Bautista Segales advirtió que las alas más radicales de la política exterior de Washington van a dar “rienda suelta a aventuradas políticas de sobrevivencia en el acceso a los recursos estratégicos de los países latinoamericanos”.
“Ahora la pelea va a ser por la base energética, en el nuevo tablero multipolarque inevitablemente se abre ante la implosión y decadencia del mundo unipolar”.
Dijo que estarían alentando a los capitales, sobre todo los fondos de inversión en Sudamérica, al enfrentamiento transfronterizo entre nuestros países lo que inevitablemente llevaría a una “proto balcanización” que sería la imagen de esta transición civilizatoria. “Esta transición estaría amaneciendo con un baño de sangre en nuestra región para que el imperio en decadencia tenga acceso expedito a todos nuestros recursos estratégicos”.
¿Cuál es la situación actual de las protestas populares en Bolivia luego de un mes de movilizaciones?
Se trata de protestas populares surgidas del movimiento molecular de bases, sobre todo porque, desde la disolución del Movimiento al Socialismo (MAS), no existe en Bolivia un ente o partido que aglutine y concentre las movilizaciones. Por lo tanto, esto puede compararse con lo ocurrido en 2019, una auto convocatoria de las bases que, de manera incluso improvisada y espontánea, al calor de la coyuntura actual, se auto organizan, prescindiendo incluso de sus propias dirigencias, a las que en algunos casos llegan a desconocer debido a ciertos acercamientos que algunas han mostrado con el gobierno central.
Se podría decir que a un mes de movilizaciones no solamente no se ha detenido, sino que ha crecido. Más sectores y más regiones se han sumado, incluso porque inicialmente el conflicto estaba concentrado en La Paz y en el departamento de La Paz. Ahora, más regiones están adhiriendo al bloqueo de carreteras, sobre todo porque el gobierno ya tiene la facilidad de imponer un estado de excepción sin restricciones, luego de que el Parlamento abrogara la llamada Ley Eva Copa, que imponía límites al uso del estado de excepción.
Entonces, las movilizaciones han ido creciendo y todas se están concentrando en un único punto innegociable que es la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
¿Cuál es el rol de la Central Obrera Boliviana en este movimiento de protestas?
La Central Obrera Boliviana conserva un prestigio simbólico, pero desde la aparición del Pacto Dignidad tuvo que colocarse en un plano horizontal frente al surgimiento de nuevas formas de organización, basadas sobre todo en la recuperación de formas moleculares de organización campesina, como el ayllu y la comunidad. Por eso, puede decirse que lo que hoy sostiene estas movilizaciones ya no es tanto la Central Obrera Boliviana -cuya conducción histórica estuvo en manos del sector minero-, sino más bien un nuevo sujeto emergente, el movimiento campesino, indígena y originario. Así, a la cabeza de estas protestas está el sector rural, no teniendo como sujeto protagónico al proletariado, sino principalmente al indígena y al campesinado, que conservan en su memoria histórica, desde 1780, la experiencia del cerco de las ciudades.
Ese escenario está comenzando a reactivarse, sobre todo en La Paz, donde más se siente el impacto de los bloqueos, que impiden el ingreso de mercaderías y productos del campo hacia la ciudad, provocando el desabastecimiento de elementos básicos de la canasta familiar.
En definitiva, el rol de la Central Obrera Boliviana ha disminuido notablemente y, si se puede hablar de una vanguardia en esta nueva movilización -aunque de manera relativa-, esta corresponde al movimiento indígena-campesino, no a nivel de dirigencias, sino desde las bases moleculares de autoorganización de lo que en 2019 se denominó “los autoconvocados”.
¿Por dónde pasan los objetivos centrales y las demandas?
Como ya decía, el objetivo se ha ido concentrando en la renuncia del Presidente, porque los sectores movilizados consideran que se trata de una figura que no solo incumplió sus promesas de campaña electoral, sino que además incurre constantemente en contradicciones y declaraciones falsas, mentiras compulsivas, al estilo de Donald Trump. También promueve de manera subrepticia la confrontación y que carece de capacidad de consenso y de vocación de diálogo.
Por eso, las demandas que inicialmente cada sector planteaba por separado se han ido unificando en un único reclamo: la renuncia del Presidente. Esto implicaría su alejamiento del gobierno o, eventualmente, la convocatoria a nuevas elecciones con la asunción del vicepresidente, quien también fue ninguneado por el propio mandatario, apartado del gabinete y privado de facultades que le otorga la Constitución Política del Estado.
Entonces, puede decirse que el objetivo central está concentrado en la salida del presidente, porque ya no lo consideran una figura creíble. Alguien que constantemente se desdice, que no demuestra lucidez ni apertura frente a lo que está ocurriendo y que, incluso en sus discursos, parece desconocer o mentir abiertamente sobre la realidad del país. Esto se refleja especialmente en sus declaraciones a la prensa extranjera, donde afirma que la situación en Bolivia está controlada y que el conflicto no reviste gravedad cuando en realidad está creciendo.
¿Cuál es la situación actual de Evo Morales?
En este momento, lo que está ocurriendo -y por eso nosotros también estamos en alerta- es que existe el temor de que, si se declara un Estado de excepción, éste se aplique con una dureza inédita. Incluso circulan rumores sobre un posible ingreso de tropas estadounidenses en El Chapare, donde se encuentra Evo Morales, y sobre la eventual preparación de un operativo como ocurrió con el presidente de Venezuela, o sea de secuestro de Evo Morales.
Está llegando información que hubo cortes de energía en todo el trópico cochabambino, que hay dos muertos en zonas como Lauca Ñ y cinco desaparecidos y que todo ese sector permanece prácticamente aislado del resto del país. También sostienen que situaciones similares podrían repetirse en otros focos del conflicto que está diseminándose como ocurre en La Paz.
A ello se suma la persecución que se está haciendo mediante plataformas digitales, a quienes tenemos nuestras trincheras de lucha en las redes sociales, también está empezando a notarse un cierto tipo de amedrentamiento. Lo que pareciera que están planificando es el secuestro de Evo Morales, lo cual no va a ser posible porque los campesinos de ese lugar tienen sus modos de lucha, de resistencia, y no solamente conocen bien el terreno, porque es el suyo, sino que tienen formas que han ido aprendiendo, porque la DEA y el ejército ha estado bastante tiempo en ese lugar. Tienen modos de escabullirse de la persecución y la vigilancia que estas entidades tienen.
Ahora, puede que también activen, como en el caso de Venezuela, otro tipo de tecnologías para lograr un objetivo central, que sería la extradición de Evo Morales, lo cual también puede ser una de las posibilidades que estén manejando. Pero, reitero, como los cocaleros del trópico de Cochabamba tienen una organización muy madura, si van a tratar de hacer algo, va a correr sangre. Ahí se iniciaría un foco peligroso de desestabilización y de una embrionaria guerra civil, porque Evo es considerado ahí como el líder insustituible, y mucha gente está dispuesta a dar su vida por él, lo protegen, lo cuidan, porque básicamente, para los cocaleros y también para otros sectores del campesinado, Evo representa el indio convertido en poder político, y eso difícilmente se lo va a poder desplazar.
Entonces, la situación es preocupante, porque desencadenaría la inflamación del conflicto a niveles que serían ya incontrolables.
¿Qué rol cumplen hoy el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas y los grandes medios de comunicación?
Tienen un papel nefasto, porque básicamente estamos hablando de los poderes fácticos que a nivel del Estado son los que siempre han resistido la transformación del modelo republicano en Estado Plurinacional. Y ahí nunca se operó a una descolonización de las Fuerzas Armadas y de la Policía Boliviana,algo que tampoco la presidencia de Evo Morales le dio el interés debido.
Sí podemos hablar de entidades e instituciones profundamente jerárquicas y racializadas, podemos decir las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, donde debió operarse un proceso de descolonización pero nunca les interesó y simplemente, como de costumbre, el poder político creyó que bastaba con comprarles su voluntad y de allí asegurar su fidelidad, lo cual fue un pésimo cálculo político.
Los grandes medios de comunicación responden a poderes como la agroindustria, la banca privada y sectores que corporativamente nunca han visto con buenos ojos un proceso de democratización del poder económico político en Bolivia.
Y el Poder Judicial es básicamente el núcleo de las corporaciones de profesionales “meritocráticas”, que se sostienen en la racialización de la clasificación social para mantener sus privilegios. Y por eso han aguantado al gobierno de Evo, pero nunca aceptándolo.
Cuando el MAS despareció del mapa político, este Poder Judicial actúa con saña y hasta con revanchismo para deshacerse de todo aquello que significó la presencia indígena como parte del poder político en una Bolivia plurinacional. Podemos decir que son nefastos los roles que cumplen estos tres poderes.
¿Qué rol ha cumplido la Casa Blanca y los EE.UU en el saqueo de los recursos naturales de Bolivia en las últimas décadas y qué logró Evo Morales?
Es la misma historia de siempre, que no es solamente el caso boliviano, sino para no ir tan lejos, el caso regional. Tiene que ver con llamar “patio trasero” a esta región de influencia norteamericana, no es un mero simbolismo.
Las alas más conservadoras de Washington ven a Sudamérica, a Latinoamérica en general, como su reservorio, como su “backyard”. Ahora, por ejemplo, acaba de ser difundida una noticia referida a que no solamente es el litio boliviano que ha despertado el interés de entes corporativos, de fondos de inversión, incluso de personajes como Elon Musk y su empresa Tesla, sino las tierras raras y también la existencia de uranio en Bolivia. Es decir, aquí tiene que ver el hecho geopolítico global.
Si Estados Unidos pierde el control del Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% de distribución del petróleo mundial, entonces tendría que contar con otro tipo de reservas que le permitan palanquear el precio internacional, los índices Brent y West Texas, para decidir en la arena global energética, el precio, que es básicamente el meollo del asunto, del contener y poseer la potestad, no solamente de la producción, sino de la distribución de los recursos energéticos, en este caso de los hidrocarburos.
Entonces, si pierden Irán, y con esto perderían también toda la región debido a los conflictos que ya han desatado y a la desconfianza que ha despertado la presencia norteamericana en sus países aliados, como los Emiratos Árabes, Kuwait, Arabia Saudita, entre otros. Entonces, tienen que virar la mirada hacia su “patio trasero”. Y aquí tienen que hacerse con toda la riqueza posible para lograr eso que en geopolítica se llama el “equilibrio estratégico”, no para equilibrar nada, sino para lograr ventajas estratégicas sobre las otras dos potencias, que son las columnas del BRICS, la Federación Rusa y China.
Difícilmente vayan a ceder y por ello han creado el Escudo de las Américas con los gobiernos dóciles que tienen a su disposición, que se han reunido en Washington. Y Trump, sin ningún miramiento, ha mostrado que realmente son unos presidentes de carácter servil, que están dispuestos, por asuntos de sobrevivencia política, a inclinarse a las exigencias que Washington necesita en todos los aspectos.
Sudamérica está en disputa, pero tiene que ver con el hecho de que, como lo que decía Laura Richardson, la ex jefa del Comando Sur, el interés que para ellos despierta Sudamérica no es Sudamérica como continente o como lugar de los estados sudamericanos o la gente, no. A ellos les interesan las riquezas o los recursos estratégicos. Es más, si tienen que borrarnos del mapa, lo van a hacer.
También existe una planificación que ya podemos ir vislumbrando de una amplificación del operativo Gaza, en Sudamérica. Por eso he venido insistiendo en que a todo lo que nos está conduciendo este de manejo discrecional que tiene Washington sobre la política interna de nuestros países, pero de modos injerencistas demasiado expuestos, en Argentina, en Ecuador y ahora en Bolivia, podría estar apuntando a una balcanización o a una protobalcanización de Sudamérica. Y no solo porque un país dividido es más fácil de dominar, sino porque es una feudalización.
Las corporaciones y los fondos de inversión serían básicamente los dueños de entidades de reciente creación y no tendrían otra salida, sino básicamente capitular cualquier ápice de soberanía que puedan aspirar a tener.
Es peligrosa la situación, y dejar a nuestros países sin el uso soberano de nuestros propios recursos es condenarnos a la deuda infinita, lo que ya están haciendo en Argentina. Esa es básicamente la imposibilidad fáctica que estarían logrando al diseñar una política de plan extensivo de la tendencia exponencial que ya han realizado en Gaza, en Irak, en Libia, ahora también en Siria y que estarían buscando realizarlo también en Sudamérica.
Hoy la Patagonia básicamente ya pertenece a capitales que no son argentinos y cuya importancia aparte de estratégica es que colinda en el sur con la Antártida, un nuevo reservorio global de recursos estratégicos, de petróleo offshore en las Malvinas y del agua de la cordillera de los Andes.
Estamos en una situación en la que las alas más radicales de la política exterior de Washington van a dar rienda suelta incluso a aventuradas políticas de sobrevivencia en el acceso a los recursos estratégicos de nuestros países. Ahora la pelea básicamente va a ser por la base energética en el nuevo tablero multipolar que inevitablemente se abre ante la implosión y decadencia del mundo unipolar.
Hay ciertos analistas chilenos que no ven improbable el uso militar para hacerse con los recursos que tienen en Argentina, en Vaca Muerta, porque Chile no tiene ni petróleo ni gas.
Por asuntos de sobrevivencia, la lucha se ha convertido en existencial, porque se está rediseñando completamente el mundo en un nuevo tablero geopolítico y los países tienen que ver el modo de cómo ingresan del mejor modo posible en esta nueva arena global, y si no cuentan con base energética va a ser imposible su ingreso soberano.
Se estaría alentando a los capitales, sobre todo a los fondos de inversión en Sudamérica, al enfrentamiento transfronterizo entre nuestros países e inevitablemente esto llevaría a una proto balcanización, que sería la imagen de esta transición civilizatoria en nuestra región. Esta transición estaría amaneciendo con un baño de sangre en nuestra región para que el imperio en decadencia tenga acceso expedito a todos nuestros recursos estratégicos.
Perfil
Rafael Bautista Segales es escritor y analista boliviano. Estudió música, literatura y filosofía, y ha publicado más de veinte libros.
Fue finalista del Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal (2003) y del Premio Nacional de Cuento Bartolomé Arzáns y Orzúa del Festival Internacional de Cultura (2004). En 2006 integró la Muestra de Poesía Boliviana Contemporánea en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz y ese mismo año recibió el Premio del VI Encuentro Nacional de Filosofía y Humanidades en Cochabamba.
Ha sido profesor invitado en la Escuela Antiimperialista, en la Escuela de Gestión Pública Plurinacional (EGPP) y en la Universidad Indígena Boliviana Túpac Katari. También se desempeñó como director general de la Dirección de Geopolítica del Vivir Bien y Política Exterior de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.
Integra el consejo editorial del Bolivian Studies Journal de la Universidad de Pittsburgh (EE.UU) y dicta conferencias, seminarios y cursos en el ámbito nacional e internacional. Además, dirige “El taller de la descolonización” y la “Comunidad de pensamiento amáutico” en La Paz y El Alto, y es columnista en diversos medios de información y pensamiento alternativo.