El periodista de la diaria, coordinador de la diaria radio y autor del libro El caso Astesiano, Lucas Silva, reflexionó sobre medios, política y sociedad. Advirtió sobre la posible permeabilidad del narcotráfico en las instituciones uruguayas, cuestionó la "degradación" del debate político y defendió la necesidad de sostener espacios de reflexión frente al «ruido y la polarización».
En un contexto marcado por la transformación de los medios, el avance del crimen organizado y la reconfiguración del debate político, Lucas Silva -periodista que está en la diaria desde 2006, coordinador de la diaria radio y autor de un libro sobre el caso Astesiano- analizó los desafíos del periodismo actual, el rol de la comunidad en los proyectos cooperativos y las tensiones sociales que atraviesan al Uruguay contemporáneo. Desde su experiencia en la investigación periodística hasta la construcción de una radio con identidad propia, Silva planteó la necesidad de sostener la "profundidad", el "diálogo" y la "mirada crítica" en tiempos de "inmediatez" y "confrontación".
Lucas Silva es docente de periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Montevideo (UM). Allí se desempeña como profesor de la materia Comunicación Escrita VI en la Facultad de Comunicación y en el módulo de investigación de la tesis de periodismo.
¿Por qué crees que se generó tanta expectativa con la diaria radio?
En Uruguay, afortunadamente, hay sectores de la sociedad que siguen estando muy comprometidos con iniciativas que se generen en torno a la sociedad y a la cultura, que logran captar la necesidad de apoyar emprendimientos cuando los consideran necesarios. En 2006 arrancamos con una comunidad de mil suscriptores que, en cierta forma, expresaban que querían leer un diario con determinadas características. Ahora esa comunidad creció a 24 mil suscriptores, que siguen pensando que somos necesarios por el servicio que les brindamos y también por el lugar que ocupamos en el ecosistema de medios. Esa comunidad es una base importante para la diaria radio, pero ya tenemos indicios que el alcance va a ser más amplio.
Después también hay elementos más particulares que explican por qué fue posible desarrollar el modelo acá. Por ejemplo, cuando empezamos con el formato papel, nosotros tuvimos que montar un sistema de distribución propio para poder salir. Eso se pudo hacer en Montevideo pero seguramente hubiera sido más difícil replicarlo en Buenos Aires, por un tema de dimensiones.
Acá en Uruguay, además, históricamente existió un sistema de distribución de los diarios muy particular y ustedes lograron romper eso
Sí. Para darle una vuelta a esa situación hubo que montar un sistema propio, y eso después marcó la cultura del diario. Siempre hubo que pensar cosas novedosas. Por ejemplo, en la etapa de la transformación digital miramos mucho cómo lo estaban haciendo los diarios de otros países pero después tuvimos que bajarlo a tierra para adaptarlo a nuestra realidad. Ahí por suerte nos movimos rápido y le encontramos la vuelta. En ese caso ser un diario relativamente nuevo jugó a favor.
Pasar a un modelo basado en venta de suscripción digital suele ser más fácil para un diario que para un semanario o un mensuario, por un tema del volumen de producción de noticias. Eso pasó a nivel internacional y también acá. Y el otro factor que destacaría es el modelo cooperativo. Al ser nosotros mismos los “dueños" del proyecto, también somos quienes marcamos las pautas y las definiciones más comerciales y empresariales. Eso ayudó para que todo esto sea posible. Además, tanto en el diario como en la radio tenemos la ventaja de que le podemos preguntar muchas cosas a nuestra comunidad de suscriptores, sobre qué tipos medios consumen, qué esperan. Y ahí la radio estaba como un tema pendiente.
Cuando se supo que la radio iba a ser adquirida por la diaria hubo mucha gente que lo celebró en las redes ya que se había manejado la posibilidad que el comprador fuera un allegado al presidente argentino Javier Milei.
Nosotros nos mantuvimos al margen de ese proceso de discusión.
En diciembre de 2025, cuando surgió esta posibilidad, hicimos una encuesta entre los suscriptores para ver qué opinaban y sondear si estaban dispuestos a apoyarnos. Y nos fue bien. Ya antes habíamos usado este mecanismo de crowdfunding para financiar un documental (El Facilitador) sobre los casos Astesiano y Marset, y también para un podcast sobre Conexión Ganadera.
Ese núcleo de gente fiel al proyecto de la diaria también nos está apoyando en esta etapa de La Diaria Radio, es algo muy importante.
¿Cómo se desarrolló el diseño de la programación y cuál es tu rol desde entonces?
El año pasado ya hacíamos La Diaria Radio en la mañana, desde el Café la diaria, frente al Solís, y yo ya estaba a cargo de la coordinación periodística. Y ahora sigo teniendo ese rol, con una grilla bastante más amplia. La coordinación periodística depende de la directora periodística del diario, que es Cecilia Álvarez. La diaria tiene su directora periodística y después tiene varios subproductos que cuentan con sus coordinadores periodísticos. Por ejemplo, Roberto López Belloso está a cargo de Le Monde diplomatique, Ana Fornaro de Lento, Martín Otegui de Gigantes.
Otra cosa interesante es que la mayoría de los productores de la diaria radio también son periodistas del diario. O sea que es un proyecto muy sustentado en la producción que ya tiene el diario. Esa parte es muy importante, porque es gente que ya sabe qué es la diaria.
¿Cómo fue el proceso para convocar a las y los comunicadores de los espacios?
En enero de este año, cuando la asamblea de la cooperativa decidió avanzar, hicimos una encuesta con los suscriptores también para tener información sobre qué tipo de contenidos esperaban para una programación radial diaria. Esa es otra ventaja que tenemos, la comunidad además de apoyar económicamente las iniciativas que considera necesarias también es la principal referencia que tenemos al momento de definir qué propuesta radial o televisiva tenemos que llevar adelante. Hicimos una encuesta sobre qué tipo de contenido esperaban y la respondieron más de 4.000 personas.
Te podría decir que la grilla que se armó en esta primera etapa está muy vinculada a las respuestas que surgieron de esa encuesta. Por ahora tenemos esta programación de lunes a viernes, con programas diarios, y más adelante, si todo sale bien, es probable que aumentemos la grilla para programas de fin de semana, programas con frecuencia semanal u otro tipo de productos. Si mirás la encuesta, lo que dijeron nuestros suscriptores, y lo que tenemos en la actual grilla, te diría que terminó siendo un mandato bastante vinculante.
¿Qué importancia le das a la reflexión en este momento, en este tiempo particular que estamos viviendo donde el insulto, la descalificación, la humillación del otro cotiza al alza en el consumo de las redes y de las nuevas formas de acceso a la información?
Entiendo que la reflexión y el intercambio es algo que también podría atar con esta idea de construcción de comunidad. Una cosa que me llamaba la atención cuando era director del diario era que nuestros lectores nos mandaban correos con quejas o críticas constructivas sobre lo que estábamos haciendo, de mucha profundidad y nivel de análisis. Es enorme la distancia entre ese tipo de feedbacks y las reacciones en redes sociales. Ahí el deterioro se nota mucho y no para de empeorar. Por eso es importante acercarse más a ese gente que sigue leyendo las cosas con profundidad, que reacciona ante una información pero con argumentos, sin fanatismos. En el diario creo que seguimos teniendo esa posibilidad. Son fenómenos no tan visibles, que no están en la conversación de X, pero que siguen existiendo.
En ese sentido, creo que la radio puede cumplir un papel similar. Es un medio que te permite generar cercanía y contactos muy valiosos con la audiencia, con gente de nuestra comunidad, que ahora pasó a esta otra manera de consumir lo que hacemos. Tengo la impresión de que hay mucha gente harta del ruido, de ese griterío de las redes. Creo que hay un consenso, más silencioso, de que la discusión política se ha degradado, en general. Más allá de las diferencias ideológicas y políticas, sería muy sano recomponer cierto nivel de diálogo. Tener la capacidad de discrepar y poder plantear esas diferencias sin insultos, sin gritos. En la medida que podamos, vamos a promoverlo. Hay que evitar caer en la tentación de hacer cortes para Instagram o Tik-Tok que sean sólo ruidosos y que aporten poco al debate público. Eso puede ser pan para hoy y hambre para mañana. Es algo que hemos hablado con los productores periodísticos y con los conductores. Muchas veces tener claro qué es lo que no se quiere hacer, también te ayuda a ir definiendo los objetivos.
Le dedican sendos espacios a los feminismos, a las artes, la literatura, la cultura en general, la fotografía, las infancias, el agro y tantos otros temas que parecen no ser redituables en el ecosistema actual de consumo de información. ¿Cuáles serían los motivos para profundizar ese camino?
Desde el principio, el diario estuvo marcado por la idea de hacer cosas que fueran similares a las que imaginábamos que queríamos leer; ese fue un poco el origen. Después, con el tiempo, también fuimos teniendo la necesidad de captar nuevas audiencias y por eso nos planteamos abrir esas “ventanas de interés” para gente que se acerque con intereses específicos, pero que después descubra al resto de la propuesta del diario. Eso ha funcionado. Y de alguna manera, te obliga a tener una redacción más heterogénea, con diferentes perfiles o intereses. Es muy importante en las redacciones que haya gente piense diferente. Que todo el mundo piense igual en una redacción no te asegura un buen producto. Te diría que tiendo a pensar más bien lo contrario, por un tema de representación de audiencias.
Una cosa que venimos discutiendo mucho con la radio es la aspiración del alcance nacional, zafar de lo exclusivamente metropolitano. Es algo que ya se viene dando en el diario, tenemos ediciones en Colonia y en Maldonado; ahora estamos largando Salto y Paysandú, con compañeros que trabajan desde esos departamentos, y queremos ampliar a otros departamentos también. Eso va pegado a ampliar las propuestas, queremos dedicarle más espacio a los fenómenos vinculados a la producción, al mundo del trabajo, a las economías locales; sacamos ahora un suplemento de Agro. Nos interesa mucho seguir en ese camino, en el diario y en la radio. Estamos convencidos de que hay que empezar a llegar a territorios que no son los más cómodos para nosotros o que no son los naturales, pero es la manera de ampliar nuestra llegada. O sea, salir a buscar las cosas que generan curiosidad. Hay un montón de cosas que suceden fuera de Montevideo, en el litoral, en la frontera con Brasil, que tenemos que atender más y mejor.
¿Y cuál es la mirada que tienen sobre el fenómeno de que en los informativos de televisión, en su horario central, se dedique una hora y media a la crónica roja?
Eso también está en discusión. Es un tema en el que, sanamente, hay diferentes opiniones, así que te doy mi postura personal, desde mi experiencia. Yo creo que durante muchos años hubo una cierta sensibilidad de izquierda que reaccionó de manera crítica ante el exceso de crónica roja o el tratamiento sensacionalista de los fenómenos criminales. Eso, que en cierto grado podría ser compartible, no debería llevarnos a una cobertura en la que esos fenómenos prácticamente no existen. O a un abordaje que termina siendo más sociológico que de contexto informativo.
Desde hace algunos años tenemos una sección “Justicia”, en la que apostamos también a que los suscriptores se informen con nosotros de lo que pasa en materia de seguridad.
En lo personal, tengo un gran interés por darle seguimiento a los fenómenos vinculados al crimen organizado, en un sentido amplio. Por ejemplo, que no nos quedemos con Sebastián Marset como un personaje llamativo, con tatuajes, sino que también a los que están arriba de Marset, al lavado de activos como un delito vinculado a los poderosos que también involucran a cuestiones de seguridad. Me parece que estos abordajes sobre el poder en Uruguay tienen que tener un lugar clave, incluso cuando nacen de coberturas policiales o delincuenciales.
¿E l narcotráfico está permeando al sistema político y a las instituciones?
Es evidente que en los últimos años hubo un cambio muy importante en el rol que tiene el Puerto de Montevideo en el tráfico de cocaína desde Bolivia hacia Europa. Eso cambió, y hay datos que muestran que la salida de cocaína durante 2020 y 2021 alcanzara niveles récord. Según los datos que surgen de A Ultranza Py, en esos años a la organización de Marset le incautaron más de 17.000 kilos de droga, lo que equivale a unos 435 millones de dólares. A esos números habría que multiplicarlos por diez, que es lo que estiman las agencias antidrogas que se termina colocando en el mercado europeo. Es mucha plata, y es imposible analizar este volumen de negocios sin pensar que, de alguna manera, eso también tiene poder de corromper y permear a las instituciones y los partidos políticos, que por su parte tampoco aclaran de manera transparente cómo se financian. O sea que, como hipótesis, tampoco lo descartaría. Pero en la medida que no lo pueda probar, también es difícil de publicar. Hemos tenido algunos casos recientes, como un dirigente del Partido Nacional en Cardona o casos anteriores de ediles en Rivera. Estos casos de dirigentes locales también me lleva a pensar que esto, como la humedad, puede estar creciendo desde abajo. Tampoco descartaría que la infiltración se esté dando así. Sin ser alarmista y sin decir cosas que uno no pueda sostener con evidencia y datos, sí creo que el peor camino que podríamos adoptar es decir que como somos uruguayos somos distintos y acá no va a pasar nunca. Ya pasa en todos lados y puede pasar acá, no tengo dudas.
Además, pensemos que en ocasiones falta control del Estado y si el Estado no está presente en determinados lugares -un barrio, un puente, una frontera- el crimen organizado lo detectará rápidamente y lo aprovechará a su favor. Está claro que las organizaciones del narcotráfico siempre van un paso más adelante que el Estado. El crimen organizado muchas veces maneja mayores recursos que los Estados nacionales.
¿Qué te motiva a dedicarle tiempo a la investigación y además, a transmitir tu experiencia en la materia a través de la docencia?
Si me dan a elegir, lo que más disfruto es la investigación periodística y darle contexto a las cosas, seguir un tema y seguirlo siempre. Y también porque me gusta pensar en la narrativa acorde a estos temas, tanto para cubrir crimen organizado o corrupción. Cuando hay chances y el diario me lo permite, me gusta mucho más investigar, trabajar una nota con tiempo y quedar más conforme con lo que publico.
¿Cómo ves el movimiento sindical uruguayo en el panorama nacional actual?
Soy hijo de un sindicalista. Te lo aclaro, porque la mirada que tengo está impregnada por eso. Mi padre fue dirigente sindical de los papeleros en Juan Lacaze, llegó a estar en la Mesa Representativa del PIT-CNT. Mi madre era textil, de la Campomar y Soulas, y siempre estaba cerca del sindical textil, que estaba dentro del Congreso Obrero Textil. Mi madre perdió el trabajo en los años noventa, con el cierre de la Campomar, y mi padre estuvo en FANAPEL casi hasta el cierre, se jubiló justo en esa época.
Así que tengo recuerdos de ver esas dos fábricas a pleno. Sé lo que eran para Juan Lacaze y también miro ahora lo que es el pueblo con las fábricas cerradas. O sea que siempre seguí de cerca las discusiones sindicales, pero desde una mirada muy impregnada por esta experiencia de querer preservar fuentes de trabajo, de capacitarte para que los cambios no te lleven puesto. Y también de ver derrotas, porque cuando un pueblo como Juan Lacaze deja de organizarse en torno a los pitos de las fábricas, yo lo vivo como una derrota. Y lo termino asociando también a mis temas: cuando no hay laburo, cuando el trabajo no funciona como ordenador de una economía, se te termina cayendo todo, la economía, los comercios. Y esos hijos de los obreros de las fábricas que cerraron, de repente se quedan sin perspectivas de futuro, muchas veces a merced del avance del crimen organizado, del microtráfico, del consumo de pasta base. Me cuesta no asociar ambas cosas y me gustaría ver un movimiento sindical más atento a defender las fuentes de trabajo también en esa clave.
¿Y en cuanto a la demonización? Te lo pregunto en el contexto de tantos ataques a los feminismos, a los migrantes, a las disidencias y a los sindicatos, por ejemplo, con el avance de las derechas -y en algunos casos directamente de los fascismos- en el mundo. ¿Cómo lo ves vos?
Veo que hay varias cosas. Por un lado, está la lucha ideológica más general, donde claramente hay gente que utiliza herramientas como las redes sociales a su favor, y se ha apropiado de eso para demonizarlo. Eso termina permeando y después se puede ver en las encuestas que miden simpatías y esas cosas. Pero también pueden jugar los errores propios. Creo que el PIT-CNT sigue siendo diferente a otras centrales de América Latina, y lo digo positivamente. Por su tradición unitaria, por su capacidad de pensar en el país por encima de los reclamos sectoriales. Pero creo que sería importante que esa tradición, ese conocimiento de los más veteranos, también llegue a las nuevas generaciones de sindicalistas. El que vio cómo le cerraban la fábrica después de un conflicto empieza a ver las cosas diferente y ese acumulado yo siento que se debería transmitir mejor. Me parece que eso siempre es una práctica sana para las culturas institucionales en general, en la política y en el movimiento sindical.
Y después, sí, el otro juega y siempre va a ser así. El tema es no hacérsela fácil. Juegan bien, y vos tenés que tratar de no hacerles las cosas fáciles. Y eso también implica, a veces, disputar el sentido común, disputar la inteligencia. A mí me gusta cuando el movimiento sindical tiene una visión de país, cuando no se queda en el reclamo corporativo de tal oficina o tal sector.
Hay encuestas que hablan de cierto desencanto -particularmente de los jóvenes- en la democracia. ¿Qué pensás de ello?
Hay un dato del año pasado que me llamó la atención y capaz que no cubrimos bien, porque a veces la agenda noticiosa que te va comiendo. En las últimas elecciones estudiantiles de Facultad de Economía se notó un avance de algunas corrientes gremiales más afines al pensamiento libertario. Viene pasando también en otras facultades, pero me llamó la atención que pasara en Ciencias Económicas, que siempre nutrió de cuadros a los equipos económicos de los gobiernos del FA. Y también porque me parece que Javier Milei arrancó haciendo pie político a ese nivel, en la discusión académica y entre estudiantes jóvenes. Es un dato que me llamó la atención y que me gustaría tener más en el radar.
¿Qué cosas te preocupan del tiempo que estamos viviendo y en especial, pensando en el mundo que vivirán tus hijas?
Primero me preocupa el poco tiempo que estamos con ellas, por el tipo de laburo que elegimos. Y obviamente que también me preocupa que crezcan en entornos sin códigos básicos de comunicación y de diálogo. Esto de los microclimas, de burbujas que no se conectan entre sí. Me preocupa la desconexión y la falta de empatía con situaciones que pasan a pocas cuadras. Ya es un problema ahora y por momentos siento que empeora.
También me preocupa el avance de los discursos de odio, que arranca en las redes sociales pero se ve cada vez más en la calle. Me parece que los referentes de la política que caen todo el tiempo en esos mensajes efectistas no ayudan nada. Y me preocupa a quiénes tomamos como referentes. Muchas veces desde los medios confundimos el concepto de éxito con hacer plata, en el caso de Conexión Ganadera se vio algo de eso. Los estafadores eran referentes, ciudadanos exitosos. Me preocupa que el concepto de éxito esté asociado a esas cosas y no a descubrir una vacuna.
Hay voces que pretenden reescribir el pasado reciente e incluso, negar los crímenes de lesa humanidad y las desapariciones en Uruguay. ¿Cómo ves ese fenómeno actual?
Con la misma preocupación que cualquiera y, dentro de lo posible, tratando de remarla y aportar a la discusión desde un diario y desde una radio. Te decía recién que mi tarea preferida es el periodismo de investigación, pero nunca me especialicé en la investigación sobre pasado reciente, algo que han hecho muy bien otros colegas. Pero sí me interesa la década del 70 como una época que dio origen a fenómenos actuales. Cuando investigás al narcotráfico en la región, en Paraguay, en Uruguay, siempre terminás encontrando que muchos fenómenos arrancaron por esa época. ¿Desde cuándo Uruguay le lava la plata al crimen organizado de la región? Antes era contrabando, ahora es narcotráfico, pero muchos actores se repiten, y las relaciones de poder son las mismas.