Un reciente informe del Instituto Cuesta Duarte revela que en 2025 unas 512.000 personas ocupadas percibieron menos de 25.000 pesos líquidos mensuales (equivalentes a una jornada de 40 horas semanales), mientras que entre los asalariados la cifra alcanza a 293.000 trabajadores. El economista Julián Rapetti sostuvo que el problema “permanece estancado”, pese a la recuperación del salario real, y planteó que la próxima ronda de negociación colectiva deberá continuar priorizando a los sectores con mayores niveles de rezago ya que entre los asalariados menores de 25 años, el 52% percibe salarios sumergidos.
El Instituto Cuesta Duarte presentó un nuevo informe sobre la evolución de los ingresos laborales entre 2019 y 2025.
El estudio identifica a 512.000 trabajadores que durante 2025 percibieron menos de 25.000 pesos líquidos mensuales, considerando una jornada equivalente a 40 horas semanales. La cifra representa el 30% del total de ocupados del país e incluye asalariados, trabajadores por cuenta propia y otras categorías ocupacionales.
Cuando el análisis se restringe a los asalariados, el universo directamente alcanzado por la negociación colectiva y los Consejos de Salarios, la cantidad asciende a 293.000 personas, es decir, uno de cada cuatro asalariados percibió ingresos inferiores a ese umbral.
Para el Instituto, se trata de “un problema persistente” que afecta especialmente a trabajadores informales, jóvenes, residentes del interior y empleados del sector privado.
Un problema que permanece estancado
En diálogo con el Portal del PIT-CNT, el economista del Instituto Cuesta Duarte, Julián Rapetti, explicó que los 25.000 pesos que se toman en el informe corresponden a precios de 2022. “Mantuvimos esa referencia para conservar la comparabilidad con los informes anteriores y porque es una cifra fácil de recordar, pero actualizada a diciembre de 2025 equivale aproximadamente a 28.700 pesos. Es decir, una persona que el año pasado ganó menos de esa cifra, para nosotros integra el grupo de trabajadores con salarios sumergidos”.
Rapetti sostuvo que una de las principales conclusiones del informe es que el número de trabajadores con salarios sumergidos no mostró mejoras respecto al año anterior. “Estamos frente a un estancamiento y seguimos peor que en 2019”, afirmó.
Según recordó, antes de la pandemia el 28% de los ocupados se encontraba por debajo del umbral considerado por el Instituto. Esa proporción aumentó hasta ubicarse cerca del 33% en 2022, luego descendió gradualmente hasta el 30%, pero en 2025 dejó de reducirse. El economista explicó que este comportamiento resulta “llamativo porque durante el último año hubo recuperación del salario real”.
“Quisimos entender por qué esa mejora no aparece reflejada en la cantidad de trabajadores con salarios sumergidos”, indicó. A su juicio, una parte de la explicación está vinculada al perfil del empleo generado.“Se han creado trabajos de baja remuneración, empleos informales y también aumentó el trabajo por cuenta propia, mientras que prácticamente no hubo cambios en la cantidad de asalariados”, sostuvo.
Dijo que los acuerdos salariales de la última ronda comenzaron a aplicarse durante la segunda mitad del año y la Encuesta Continua de Hogares releva el salario efectivamente percibido el mes anterior. Por esa razón, buena parte de la información correspondiente a 2025 todavía no incorpora plenamente los incrementos derivados de la undécima ronda de Consejos de Salarios. “El impacto más claro probablemente recién pueda observarse en los datos del próximo informe”, señaló.
Los jóvenes concentran los salarios más bajos
Uno de los datos que más preocupa al Instituto es la situación de los trabajadores jóvenes. Entre los asalariados menores de 25 años, el 52% percibe salarios sumergidos.
Rapetti explicó que el estudio realiza distintos “cruces” según edad, informalidad, región y sector de actividad, y que en todos ellos aparecen grupos particularmente vulnerables.
“En el caso de los menores de 25 años, más de la mitad percibe salarios sumergidos. En cambio, entre quienes tienen entre 40 y 54 años el porcentaje ronda el 18%, una cifra similar a la registrada entre los mayores de 55 años”.
A su entender, esa diferencia constituye “un llamado de atención” y permite orientar las políticas públicas hacia un segmento que necesita acceder a empleos de mayor calidad.
El informe también encuentra una fuerte relación entre salarios sumergidos y pobreza. El 68% de los ocupados que viven en hogares pobres percibe menos de 25.000 pesos líquidos mensuales, lo que representa aproximadamente 121.000 personas.
En tal sentido, Rapetti aclaró que la pobreza monetaria considera todos los ingresos del hogar -incluidas transferencias y rentas- mientras que el estudio analiza exclusivamente ingresos laborales.
Sin embargo, sostuvo que existe una relación muy estrecha entre ambos fenómenos. “Hay muchas personas que viven en hogares pobres y trabajan, pero esos trabajos les pagan muy mal”.
Para el economista del Instituto Cuesta Duarte esta realidad también cuestiona ciertos discursos instalados sobre la pobreza. “Esto combate la narrativa de que las personas que viven en hogares pobres no trabajan. Estamos hablando de 121.000 personas que tienen empleo, pero cuyos ingresos laborales no alcanzan para llevar una vida digna”.
Para Rapetti, uno de los aspectos centrales del informe es que el crecimiento económico registrado en los últimos años no logró traducirse en una mejora para los trabajadores de menores ingresos. Recordó que, según el propio estudio, entre 2019 y 2025 el Producto Interno Bruto creció 8,7%. “A uno le gustaría ver dónde quedó esa mejora. El informe contiene algunas cifras que son impactantes. Derriba el mito de que estamos bien”.
Señaló que durante ese mismo período la distribución del ingreso medida por el Índice de Gini empeoró, la pobreza disminuyó solo de forma moderada y la cantidad de trabajadores con salarios sumergidos continúa siendo superior a la registrada antes de la pandemia. “No vemos ninguna mejora en la distribución de ese crecimiento entre quienes viven de su trabajo. Estamos peor que en 2019”.
A partir de ese diagnóstico, Rapetti sostuvo que la discusión debe orientarse tanto a medidas inmediatas como a transformaciones estructurales.
En el corto plazo, planteó “fortalecer la creación de empleo de calidad y aprovechar la negociación colectiva para impulsar aumentos reales dirigidos a los sectores con menores ingresos”.
En el mediano plazo, consideró necesario “promover empleos en actividades de mayor productividad, avanzar en la formalización del trabajo y desarrollar programas de capacitación que permitan a los trabajadores acceder a ocupaciones mejor remuneradas”.
"Son políticas cuyos resultados no son inmediatos. Aunque se invierta hoy, probablemente sus efectos comiencen a verse dentro de cinco años. Precisamente por eso es importante empezar cuanto antes, remarcó el economista.