Como consecuencia directa del impacto mundial que generó el “caso Astesiano”, por la organización criminal que operaba dentro de Torre Ejecutiva, y acaso también impulsado por la “entrega a domicilio” del pasaporte al narco Marset en una cárcel de Dubái, un grupo de militantes sociales barriales tomaron la iniciativa de concurrir a ferias vecinales a ofrecer “pasaportes rusos” de entrega inmediata en mano y a voluntad. La acción militante es una parodia a la realidad y hasta el momento, se llevan “expedidos” casi un millar de pasaportes.
Los “documentos” están escritos en español y ruso, llevan la firma de Alejandro Andrés Astesiano, “El Jefe” y dicen que el poseedor de dicho pasaporte está habilitado “a viajar por el mundo sin antecedentes”.
Ricardo Fierro, es un conocido militante sindical y político. Milita desde los 18 años y hoy es un “jubilado activo” que no se detiene un día de la semana. Lo conocen los puesteros de las ferias de casi todo el país. Ha recorrido el Uruguay de punta a punta militando en innumerables campañas en el Plebiscito del 80, en defensa de las empresas públicas, con el voto verde, por el voto en el exterior, por el No a la baja, recolectó miles de firmas para habilitar el referéndum sobre 135 de la LUC y luego hizo campaña vestido de Pantera Rosa por el Sí rosado. Ahora entrega pasaportes exprés y los documentos “vuelan”.
Ricardo, “el fierro” -como lo conocen en los barrios- de niño vendía jazmines en las ferias. Después anexó a su oferta callejera las remeritas de Los Titanes en el Ring y “unos pajaritos de plástico que emitían un sonido parecido al de los canarios, algo que después de un rato te volvía loco” (risas).
Hijo de madre trabajadora doméstica y padre peluquero, de chico supo que su vida iba a estar signada por el trabajo. “Como hermano mayor de tres hijos de casa humilde y de gente trabajadora, arrimábamos unos vintenes para el puchero y para el guiso”.
Ricardo cursó primero de liceo pero tempranamente tuvo que abandonar los estudios, y no culminó segundo año de Secundaria. Fue casi de inmediato que ingresó con 14 años al mercado laboral, como peón en una chacinería. Según recuerda, eran tiempos de chacinerías de “procesos bastante artesanales” y el oficio de hacer jamones o chorizos se aprendía en el día a día, a ensayo y error. “Primero aprendías a embutir y atar chorizos, y recién después con el tiempo pasabas al desosado. De todo lo que se hacía allí, el desosado con el manejo del cuchillo, aquello de ir carancheando de a poco, fue lo que más me atrapó y me quedé con el oficio de desosador con el que trabajé en algunos frigoríficos”. Después las vueltas de la vida lo vincularon al mar y la pesca. “Fui militante del SUNTMA y con los años me jubilé como trabajador del mar y siento que tengo que devolverle a la sociedad algo de todo lo que dio y por eso milito, sigo militando como una retribución a la sociedad y a la vida porque más allá de los momentos jodidos, siempre hubo un plato de comida en casa, siempre un abrazo, y yo siento que la militancia es la forma de agradecer eso. Y además, como en este país hay mucha gente que la está pasando mal y necesita una mano, acá estamos y estaremos siempre”.
Fierro está convencido que “no se puede pasar por la vida distraído” y que “hay que hacer algo por los demás. Y siempre de manera colectiva se logran las conquistas. Nunca es solo. Nunca es aislados, al contrario, eso es lo que quieren los dueños del capital, que nos separemos, que cada uno se salve como pueda, pero eso ya sabemos que es el triunfo de los poderosos y no algo que beneficie a las y los trabajadores de a pie”.
Fierro dice que el humor sirve para “desenmascarar a los poderosos” y por ello ahora reparte pasaportes grotescos. De todos modos, por momentos, su sonrisa parece esconderse y habla con todo serio, duro, crítico. Es cuando se refiere a los ataques y sospechas contra las vecinas que cocinan en las ollas y merenderos. Son su gente. Sus conocidas de cientos de ollas. Las ha hecho reír a carcajadas con sus salidas irónicas y sus disfraces. Las ha acompañado en la pandemia, cuando ellas mantenían estoicas las ollas populares en las que miles de familias accedían a un plato de comida.
“Es una infamia que sospechen de las mujeres que dan un plato de comida y se hacen cargo de lo que el gobierno no se ha hecho cargo: que es el hambre de la gente. El gobierno no tuvo la capacidad o la decisión -vaya a saber uno- de dar una respuesta a las necesidades de los sectores más vulnerables y ahora arman conferencias de prensa para decir que una olla estaba cerrada cuando ellos fueron a supervisar, a investigar. Cuando lo que tendrían que hacer es remangarse y después ir a cada olla a preguntar en qué se puede ayudar. El ministro y sus colaboradores tendrían que haber ido a las ollas a dar una mano, a pelar papas, a llevar alimentos, a cocinar, sin cámaras eh, sin cámaras, no para la foto, no para sacarse lustre, para hacer algo por la gente que la pasa mal. Y por supuesto, su responsabilidad es generar trabajo. El gobierno tiene como obligación hacer, generar políticas públicas de trabajo y no salir a sospechar de las vecinas y vecinos que salen a dar horas suyas por los demás”.
Para Fierro la explicación de este embate contra las organizaciones sociales es clara: “están generando humo para distraer y que no se hable de esta vergüenza mundial que es la banda criminal en la Torre Ejecutiva y lo de los pasaportes. Somos vergüenza en el mundo por esto que está sucediendo en este gobierno y lo que se les ocurre es salir a tratar de tapas, y te hablan de la intendenta, de del ANTEL Arena y de lo que sea, para no hablar de lo que habla todo el planeta. Eso hace este gobierno. Y de paso, ataca la organización popular. Es lamentable. Si alguien sospecha sobre la comida de los pobres, me da mucha pena. Mucha tristeza. Se ve que nunca pasaron hambre. Acá los ricos cada vez son más ricos y esos son los que siempre se quejan de los pobres”.