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Para siempre

El pasado martes 18, ex presos políticos colocaron la piedra fundamental del Memorial ex Penal Punta Carretas. El monumento consistirá en una mesa paisajística con el grabado de todos los nombre de los 800 presos políticos que estuvieron recluidos en ese lugar.

"Se nos van muriendo y nos vamos quedando sin su testimonio". El paso del tiempo y las secuelas silenciosas, crueles, devastadoras, marcan que cada año mueren entre 50 y 60  expresos políticos en Uruguay. También por ello desde Crysol se entiende que es imprescindible defender estos espacios destinados a la recuperación, construcción y transmisión de memorias en recuerdo de los centenares de luchadores sociales, políticos y gremiales.

Entre cientos de asistentes al acto de colocación de la piedra fundamental, se encontraban autoridades nacionales, departamentales, integrantes de Crysol, expresos y expresas,  familiares, sobrevivientes al terrorismo de Estado.

Casi perdida entre la gente y lejos de los micrófonos, la vicepresidenta del PIT-CNT, Soraya Larrosa, se mantuvo en silencio. En aquella cárcel estuvo preso su compañero Luis Echenique.

Un hombre bueno, humano, generoso, al que conoció cuando ella trabajaba en el lavadero del Casmu y él en la cocina. Se miraron y supieron que se iban a amar para siempre. Desde chico Luis se había acostumbrado a cuidar el cariño, a proteger la felicidad de los avatares del dolor. Tal vez porque su mamá falleció cuando él tenía siete años, desde chico supo que cada abrazo valía mucho pero mucho de verdad. Ya de más grande, cuando la dictadura decidió liberarlo por un tiempo, aprovechó esa libertad que no iba a durar mucho, para seguir militando clandestinamente y especialmente, para ir a cantarle canciones de cuna y leerle cuentos a los hijos e hijas de sus compañeros y compañeras  que seguían presos. El rato que estuvo libre, cuidó hijos ajenos, incluso una niña de 18 días. Eran días de despedidas clandestinas, abrazos interminables con dolor de sospecha de no volver a verse nunca más.

Su gente, tantos años de gente, Lorena, Estefani, Talia, Victoria, Rafael, Carlos, Nataly, su melliza Magui, las hijas del maestro Pepe Abella, quienes supieron que ese hombre se iba a ocupar de cuidar el futuro. A los más chiquitos, les leía cuentos infantiles a la noche hasta que él mismo se quedaba dormido sentado en el sillón. Era la idea pero al revés. 

En la Huelga General del 73, él solo pintó un muro que había frente a la casa de gobierno. A pura brocha gorda. Unas horas antes, habló con su amigo hermano Gastón Grisoni y le pidió que le escribiera "bien grande" la palabra "dictadura". Y le explicó el motivo. "Es que la escritura no es lo mío, tengo miedo de equivocarme y que digan que tuve miedo". Aquel muro, lo pintó copiando el papel.  

Luis fue procesado una vez y encarcelado tres veces. Y nunca quiso hablar de las torturas. Desviaba el tema hacia el padecimiento de las familias que sufrían afuera, sin saber lo que pasaban sus seres queridos en las cárceles. Le preocupaba que tenían que seguir viviendo, pagando cuentas, arreglándose para juntar unos pesos y poder comprar algunos víveres para llevar a los presos. Esperar durante horas interminables, esas colas eternas, bajo todo tipo de humillaciones y maltratos psicológicos. Eso le preocupaba. Era una forma generosa de seguir pensando en los demás, y no hablar del padecimiento propio.

La única vez que Soraya lo escuchó hablar de las torturas y el infierno que vivió, fue cuando le pidieron que atestiguara en el caso del asesinato de Óscar Tassino.

En abril de 2018 a Luis le descubrieron un tumor cerebral. Grande. La noticia se la dieron a los dos juntos. Al instante, les explicaron que tenían que ser fuertes y que comenzarían otros estudios clínicos. Luis se quedó en la sala de urgencia del Hospital Maciel y Soraya tuvo que salir al patio. Se mantuvo en silencio sin entender casi nada. Por qué a él. Por qué la vida se ensañaba con un hombre tan bueno que había dedicado toda su vida a desparramar solidaridad y amor por todas partes. Soraya lloró sin consuelo, sola, sin saber qué hacer ni qué decir. Trató de pensar en que los médicos se pueden equivocar y que todos tenemos derecho a equivocarnos. Además, ella lo veía a Luis como siempre. Fuerte, entero.

El segundo médico fue tajante. Les dijo que el tumor era de altísima malignidad y enorme.

El proceso duró seis meses. En medio, le realizaron dos cirugías y tuvo tiempo para algunas otras cosas también importantes. Dar testimonio y responder los embates -vanos intentos intimidatorios- a los que fue sometido por una comitiva de abogados encabezada por la hija de José Nino Gavazzo. Y proponerle matrimonio a Soraya. Quería casarse con ella. La amaba con toda su alma, pero también pensaba en su futuro y que le parecía justo que ella recibiera "unos pesos" de su pensión "para que puedas ayudar a tus nietos".

Soraya y Luis se casaron en el Registro Civil el 12 de octubre de 2018 y ese fue el último día que él se pudo levantar. Brindaron con amigos del alma, con ese hermano de la vida, Gastón Grisoni, la familia pacientemente entrelazada y por supuesto, con los nietos y nietas de su vida. Se abrazó con todos y a los pocos minutos pidió para acostarse porque se sentía muy cansado. A los seis días falleció.

La cárcel y la tortura dejaron secuelas devastadoras en miles de sobrevivientes de aquel infierno. Y se van muriendo. Algunos ya se fueron en condiciones siempre dolorosas. Casi todos en silencio. Muchos en la indigencia porque murieron antes que se aprobara la ley reparatoria que ampara a ex presos políticos.

Soraya cree que la construcción del Memorial es importante para que la sociedad no sufra de amnesia. Ella no olvida a Luis, ni sus años felices, ni los abrazos, ni las comidas preparadas en casas amigas, ni los cuentos para dormir o las canciones de cuna. Lo recuerda con sus sorpresas, los silencios, su bondad, los años de militancia en la UNTMRA y en la FUS, los amigos del alma, el ansiado viaje a Cuba y la porfiada convicción de que la vida había que vivirla pensando en los demás, nunca en uno mismo, y que la comida de una familia se puede compartir en muchos pedacitos de esperanza. Tantos como sea necesario. Y tampoco olvida la promesa que se hicieron de amarse para siempre.