Sonríen. A pesar de todo, sonríen. Vienen de lejos, con sus convicciones y sus certezas y llevan adelante una huelga de hambre en la denominada "carpa de la dignidad". Están dando una pelea desigual desde el día en que la empresa CLALDY los despidió por integrar el sindicato. Ellos matean y explican. Y sonríen, porque son gente simple, de esa que nunca le desea mal a nadie. Solo reclaman el derecho a trabajar.
En medio del conflicto por los 32 despidos antisindicales en la empresa láctea CLALDY, dos de los extrabajadores afectados, Mauricio Fernández y Aníbal Apollonia, iniciaron este miércoles una huelga de hambre en la plaza Independencia, frente a Torre Ejecutiva. Desde hace 48 horas permanecen en carpas y una casa rodante, sin ingerir alimentos, acompañados por la solidaridad de los sindicatos y, sobre todo, por el abrazo silencioso de muchos montevideanos que se acercan a dar aliento. El conflicto se remonta a agosto, cuando Claldy despidió a 32 trabajadores alegando razones de reestructura. El gremio sostiene que la medida fue una “persecución antisindical”, porque todos los despedidos estaban sindicalizados. Reclaman que la empresa retome la negociación y reincorpore, al menos, a ocho de ellos, ya que unos cuantos trabajadores fueron rebuscando alguna solución parcial para sus familias.
Mauricio Fernández, quería ser jugador de fútbol y aunque cueste creerlo, su gran ídolo de la infancia fue José Batlle Perdomo. "Está claro que el «Chueco» no era un exquisito pero trancaba lindo. Una preciosura cómo marcaba su presencia en la mitad de la cancha".
Mauricio nació y creció en Young y si bien sus padres nunca le impusieron nada, solito se fue arrimando al aserradero de sus tíos para aprender un oficio y allí comenzó a trabajar a los 14 años. "Cobraba y yo separaba una parte para mi casa, para mis viejos, sin que ellos me pidieran nada pero yo sentía que estaba bien ayudar en casa". Después de un tiempo en el aserradero, un familiar le insistió en que fuera a probar suerte en CLALDY. "Y fueron 20 años de trabajo en un lugar que quiero, que valoro, una empresa a la que le deseo lo mejor. Porque nosotros no queremos que a CLALDY le vaya mal, por el contrario, es nuestro lugar de trabajo. Fueron dos décadas en la sección de envasado al vacío. Vivimos una parte importante de nuestra vida ahí. Y si la empresa pudo cobrar 2.8 millones de dólares de los FRIL (Fondos para la Reconversión de la Industria Láctea) también fue gracias a los trabajadores porque nosotros siempre metimos para adelante. De los despedidos no pueden decir nada, porque ninguno tuvo ninguna mancha en su foja. Fuimos todos trabajadores que cumplimos y con creces. Por eso queremos volver y entendemos que es justo recobrar nuestros puestos de trabajo. Porque además, esto que están haciendo ahora no está en sintonía con el espíritu de los pioneros inmigrantes. Ellos no estarían de acuerdo con lo que nos hicieron ahora. Seguro que no".
Nunca solos
Mauricio es padre de tres hijos: Iván, el más chico, de 14 años, que está diagnosticado con TEA, y los dos más grandes, Ramiro y Jairo, que ya formaron sus familias. "Soy abuelo de Catalina, divina, me duele que la veo poco porque nació en medio del conflicto pero seguro me voy a reencontrar pronto con ella y podré disfrutarla".
El calor en la Plaza Independencia lo invade todo y tanto Mauricio como Aníbal agradecen a cada persona que llega o a quienes pasan de largo, sin detenerse, pero al pasar les levantan el puño, les dan ánimo o les saludan con la "V" de la victoria. La carpa está repleta de banderas de distintos sindicatos, y la Federación de Trabajadores de la Industria Láctea observa cada detalle para que los huelguistas estén monitoreados y cuidados.
"No tenemos palabras de agradecimiento para toda la gente de la Federación, a la gente del PIT-CNT todo, a la gente que pasa por acá y nos da ánimo. Es tremendo".
Desde el inicio de la medida de lucha, la FTIL ha mantenido «contacto directo y permanente» con las familias de Mauricio y Aníbal, para llevar la tranquilidad necesaria, imprescindible, a quienes están acompañando la medida pero desde lejos.
Por la ciudad
"Acá la gente es muy amable. Es muy generosa en su forma en la que nos tratan. Y si bien allá, en nuestro propio pueblo, tuvimos que soportar algunos momentos complejos, sabemos que no se puede generalizar. Y nosotros somos de allá. Y no tenemos nada contra de la empresa. Es más, nosotros criamos a nuestros hijos con CLALDY. Por eso lo que reclamamos es que se sienten a negociar nuestro reingreso. Por nada del mundo queremos que la empresa se funda. Y es básico pero la fábrica no sale adelante sola. Necesita a sus trabajadores. No los puede dejar de lado".
La voz de Mauricio quedó tapada por el bocinazo de conductor de un camión que -sin detenerse- saludó al grito de "arriba los que luchan".
Y todos comprendimos que no había nada más que agregar.