En un escenario que definen como de "ofensiva conservadora y disputas estructurales por el rumbo del país", las mujeres y diversidades sindicalistas llamaron a defender en las calles cada derecho conquistado y a confrontar un modelo económico "que organiza la acumulación y no la vida". La proclama articula el feminismo de clase, la redistribución de la riqueza, la soberanía ambiental y autodeterminación como ejes de una misma lucha. La convocatoria es para este 8 de marzo, bajo la consigna: “8M Antiimperialista. Por la soberanía de los pueblos, no pasarán”.
Este miércoles 4 de marzo se realizó en la sede del PIT-CNT una conferencia de prensa con motivo de la próxima marcha del 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, que este año se desarrollará bajo la consigna: “8M Antiimperialista. Por la soberanía de los pueblos, no pasarán”.
Durante la actividad se dio lectura a la proclama de la Secretaría de Género, Equidad y Diversidad del PIT-CNT, cuya elaboración -según se informó- fue fruto de una “construcción colectiva” junto a todas las filiales que integran la Secretaría. La lectura estuvo a cargo de la vicepresidenta de la central sindical y responsable de la Secretaría de Género, Equidad y Diversidad Sexual, Carolina Spilman, junto a otras representantes sindicales.
El documento sostiene que este 8 de marzo encontrará a mujeres y diversidades “en las calles”, en un tiempo signado por disputas profundas. En ese sentido, Spilman afirmó que hoy se disputan “sentidos, derechos y el rumbo de nuestras sociedades”.
“Nada está asegurado y da la sensación de que lo conquistado siempre puede retroceder si no lo defendemos. Marcharemos porque la historia nos enseñó que los avances en derecho, y sobre todo en derechos de las mujeres y las diversidades, hay que defenderlos todos los días, ya que basta con una crisis política, económica o social para que vuelvan a ser cuestionados”, expresa la declaración.
En ese marco, advierten que “el silencio favorece a quienes concentran el poder” y subrayan que la democracia “no es una palabra vacía”, sino “participación real, organización popular y presencia activa en el espacio público”.
La proclama trasciende el plano nacional y coloca la mirada en el escenario regional e internacional. “Marchamos no sólo por lo que sucede en nuestro país; miramos al mundo y a nuestra región y reconocemos un escenario atravesado por guerras, bloqueos económicos, endeudamiento, saqueo de bienes comunes y discursos que intentan legitimar la violencia en nombre de supuestas libertades”, señala.
En ese sentido, el documento afirma con claridad que “el feminismo es de clase, es antirracista, es anticapitalista y es antiimperialista”.
“Antiimperialista porque rechazamos toda forma de dominación que someta a los pueblos a intereses ajenos, vulnerando su soberanía y su derecho a decidir su propio destino. Porque sabemos que las mujeres y las infancias son quienes padecen con mayor crudeza las consecuencias de las guerras, los saqueos, las sanciones y las intervenciones y no aceptamos que los derechos sean utilizados como excusa para justificar agresiones militares o presiones económicas que profundizan el sufrimiento de los pueblos”, se manifiesta.
La verdadera emancipación -sostienen- sólo puede construirse desde la justicia social, la autodeterminación y la paz. “Nunca sobre la destrucción, el saqueo ni la subordinación de nuestros cuerpos ni de nuestros territorios”. La soberanía de los pueblos, agregan, es “condición para la justicia social y ambiental”.
También plantean que sin capacidad de decidir sobre los bienes, la producción y las políticas públicas “no hay igualdad posible” y que la dependencia económica impacta con mayor dureza en las mujeres trabajadoras.
“Nuestro compromiso es internacionalista”, remarcan, al tiempo que expresan su solidaridad con “quienes resisten agresiones externas, con quienes defienden su territorio, con quienes sostienen la vida en medio de conflictos que no eligieron”. “No somos ni seremos neutrales ante las injusticias ni ante la guerra”, afirman.
En clave nacional, el texto cuestiona un modelo económico que, según sostienen, organiza la economía en función de la acumulación y no de la vida. Señalan que el trabajo de las mujeres ha sido históricamente invisibilizado y subvalorado, y que la división sexual y racial del trabajo permitió la expansión de la economía formal sin asumir el costo real de la reproducción social.
“Hoy participamos masivamente en el mercado laboral, pero la sobrecarga persiste. Cumplimos jornadas remuneradas y luego continuamos con responsabilidades domésticas y de cuidados”. Esa “doble presencia”, advierten, impacta en los ingresos, en las trayectorias laborales y en la autonomía económica. “La brecha salarial sigue siendo una realidad. La concentración de las mujeres en los sectores peor pagos también”.
La informalidad que golpea a las mujeres
La proclama pone el foco en la informalidad, que golpea con mayor fuerza a quienes sostienen hogares “monomarentales”, y sostiene que en cada crisis económica las mujeres son las primeras en asumir el ajuste. Por eso, afirman que discutir la distribución de la riqueza es central. “No se trata solo de igualdad de oportunidades, se trata de cuestionar cómo se reparte lo que producimos colectivamente”.
En ese marco, señalan que plantear que el 1% más rico debe contribuir más “no es un capricho, es una definición política de justicia fiscal y justicia social”. Los recursos públicos –agregan- determinan la calidad de la educación, la salud, la vivienda y el sistema de cuidados, por lo que reclaman un Estado con capacidad de inversión y presupuestos con perspectiva de género.
La declaración también reivindica la historia del movimiento obrero uruguayo y recuerda que en octubre se cumplirán 60 años de la unidad de la CNT. Destacan que la participación de mujeres y diversidades ha crecido, aunque reconocen que la toma de decisiones “aún refleja desigualdades persistentes”.
En relación con el ámbito laboral, exigen incorporar cláusulas de cuidados en los convenios colectivos, promover licencias equitativas, garantizar protocolos frente al acoso y la violencia laboral e impulsar la formación en igualdad. Denuncian que las mujeres trans enfrentan “barreras sistemáticas” para acceder al empleo formal y que la falta de oportunidades es resultado de “prejuicios y expulsiones acumuladas”.
Sostienen que el movimiento sindical no se limitará a reaccionar ante medidas coyunturales, sino que buscará incidir en la planificación a largo plazo, articulando justicia social y de género en la democracia económica. “No creemos en soluciones individuales frente a problemas estructurales. La historia demuestra que los cambios profundos nacen de la acción colectiva”.
“Este 8M es memoria de quienes resistieron. Es presente, organización y compromiso con el futuro. Seguiremos construyendo en cada sindicato, en cada barrio, en cada espacio colectivo, porque cuando las mujeres y las diversidades trabajadoras se organizan, amplían los límites de lo posible”, sostienen
La proclama finaliza con la afirmación de que este 8 de marzo las encontrará en las calles. “Por justicia social y por la soberanía de los pueblos”.