Milton Castellano: “Las ollas son el manotazo de ahogado de la desesperación”

Martes, 09 Febrero 2021 12:00
Valora este artículo
(0 votos)

El director del Instituto Cuesta Duarte considera que es tiempo que el presidente de la República comience a dar señales al movimiento sindical y a la sociedad toda de que la crisis no la van a pagar «los mismos de siempre» y sostuvo que si no hay lineamientos claros que marquen un camino de recuperación, la negociación colectiva "va a ser muy difícil". Castellano entiende que es imprescindible que gobierno abandone los actos de soberbia y convoque a un diálogo nacional para encontrar salidas a la crisis actual por la que atraviesa el país. “Se necesitan políticas concretas, sostener que este tipo de crisis se solucionan a base de ollas populares es un despropósito y el que piense eso, está lejos de ver la realidad. Las ollas son el manotazo de ahogado de la desesperación”.

Con su reconocido tono medido y sin estridencias, el director del Instituto Cuesta Duarte analizó detenidamente la situación económica, el empleo, el salario, dio su punto de vista sobre la próxima ronda de los Consejos de Salarios, y también se detuvo reflexionar sobre los ataques y campañas de odio que tienen como objetivos centrales a los sindicatos y al INEFOP.   

El salario real cayó por primera vez en 15 años. ¿Cuál es la lectura que hace el Instituto Cuesta Duarte de este dato?

Es así, por primera vez en 15 años cae el salario real, caen las jubilaciones y también por primera vez tenemos desocupación por arriba de los dos dígitos y el Producto Bruto Interno tendrá saldo negativo. Es decir, hemos pasado un año tremendamente difícil. Muchos pensaban que la pandemia era un mal temporal que duraría seis meses, y que luego veríamos los daños que dejaba ese tendal como cuando vuelan chapas y caen árboles. El problema es que esas «chapas» que se dañaron son personas, son trabajadores, son jubilados, pequeños empresarios y que la pandemia no duró seis meses. Y tenemos un gobierno que le importó más atender el déficit fiscal que proveer asistencia a los sectores más golpeados. Y esta omisión de atención a los sectores más afectados es un grave problema humano pero que además tiene sus consecuencias en la economía. Las empresas unipersonales, las pequeñas y medianas empresas, los trabajadores precarios, los informales, son un universo que trabaja y vive para el mercado interno, no para los mercados internacionales. Y si el Estado no les brinda asistencia, el mercado se resiente porque deja de circular un dinero que se va al almacén, la carnicería y a los comercios barriales. Todo esto preocupa, y estamos iniciando el año con cifras preocupantes. Según las gráficas de los economistas tenemos 11% de desocupados, pero hay dos o tres puntos más que no aparecen, por lo que debemos asumir que la desocupación ronda el 15%. Son personas, no cifras, son más de 150 mil personas que dejaron de trabajar en estos meses y eso en un país como el nuestro, impacta, es mucho.

En un contexto de recortes y aumento de tarifas

Exactamente.  Se calculaba que los salarios iban a perder un 3% del poder adquisitivo pero vamos a llegar a casi un 6%. El PBI va a caer entre 5 y 6% entonces ahora estamos en un escenario mucho más complejo y que por falta de previsión nos enfrenta a una realidad dura para los trabajadores, jubilados y pequeñas y medianos empresas. Hoy tenemos más de 70 mil personas en el seguro de paro. Es una situación compleja a la que hay que sumarle el aumento de las tarifas y los recortes presupuestales. Esto en cierta medida lo reconoce el propio ministro de Trabajo cuando dice que hay una deuda pendiente con los trabajadores informales, ese universo de un entorno de 300 mil personas que no tienen acceso a la cobertura de seguridad social. Hay sectores enteros que quedaron a la deriva. Hay pequeñas empresas familiares que se quedaron sin nada, por ejemplo en el sector turístico. Conocemos muchísimas situaciones dramáticas de familias enteras que se quedaron sin nada. Y las respuestas –cuando las hubo- han sido tardías. Nosotros le hemos reconocido al gobierno el manejo sanitario que hizo en el inicio de la pandemia, incluso, a pesar de voces discordantes de otros sectores y con reparos también nuestros. Pero ese buen manejo inicial de la pandemia no justifica que haya omitido la asistencia a los sectores más golpeados.

¿Acaso dos de los grandes pecados que cometió este gobierno fue la falta de sensibilidad social y la imprevisión de las consecuencias sociales de la pandemia?

Sí claramente, y agregaría como una gran asignatura pendiente del gobierno la falta de un diálogo social serio, maduro y enriquecedor. Sería un error grave del gobierno no entenderlo. Y quiero destacar que con el Ministerio de Trabajo tenemos una relación fluida. Cada vez que hemos solicitado una entrevista con el ministro y su equipo, hemos sido recibidos y hemos podido trabajar. Pero claramente, es un diálogo compartimentado. En los temas grandes de la economía, no se ha abierto ese espacio. Incluso, ha habido un manejo del país y la economía con cierta impronta soberbia. Para poner un ejemplo concreto: estuvimos a punto de lograr un acuerdo sobre el salario de los trabajadores públicos. Llegamos a un viernes con el acuerdo alcanzado. Y al día siguiente, el sábado nos enteramos que se caía, suponemos que por la tozudez de uno de los sectores del gobierno. Hay que pensar que es un tiempo histórico en la vida del país. Tengo algunos años en este camino sindical y nunca había visto que en unas semanas fueran 200 mil personas al seguro de paro como sucedió en abril y mayo del año pasado. Entonces, en una situación tan crítica y con la caída de todos los indicadores, parece evidente que se necesita asistencia social a los sectores más golpeados y obviamente, la generación de un espacio de diálogo social nacional.

Hay quienes defienden la lógica que «el que gana gobierna y punto» y «esta es la verdad que vale». Asimismo, hay quienes cuestionan la conducción cuasi monárquica del mandatario.

Los gobiernos de los partidos tradicionales siempre fueron de considerados de coalición, entonación nacional, con cierta búsqueda de diálogo. Es difícil encontrar repasando la historia del país un gobierno tan personalista como el de Lacalle Pou. Uruguay siempre tuvo presidentes de fuerte personalidad en su  liderazgo como Julio María Sanguinetti, Jorge Batlle o Tabaré Vázquez, por ejemplo, pero ahora tenemos un equipo de gobierno que casi no puede actuar salvo lo permita el Presidente. Y esto es malo. Cuando vos tuviste la suerte –y la infraestructura y sustento en materia de seguridad social, educación, Plan Ceibal, entre otros- que las cosas salieran bien en materia sanitaria en los primeros meses de la pandemia, no podes marearte con los aplausos de la tribuna, que es algo que el Presidente hizo. «Como vengo bien me creo Superman» y no se dio cuenta que Uruguay pudo afrontar la pandemia de manera adecuada por la sólida infraestructura existente en nuestra sociedad. Y hay que remarcarlo que no es solamente por mérito de estos últimos quince años sino que tenemos que considerar el modelo batllista y también los avances más recientes. Uruguay en estos últimos quince creció en su economía, en los salarios, en el empleo, en la formalidad. Nuestro país va a contracorriente de lo que sucede en el promedio de América Latina. Aquí la informalidad ronda el 25% y el 75% son formales cuando en el continente es exactamente al revés. De cada cuatro trabajadores en Latinoamérica, tres están en la informalidad. No se puede desconocer que en Uruguay, la seguridad social, las asignaciones familiares, el seguro de paro, el Sistema Nacional Integrado de Salud, el Plan Ceibal, todo ese gran paraguas que hemos construido nos permitió amortiguar el impacto de la pandemia en sus inicios. Pero creo que Lacalle Pou con cierta soberbia creyó que el éxito del manejo de la pandemia en esos primeros meses se debió a su gestión.

Literalmente «sacó pecho»

Se creyó que fue por su mérito propio y no fue así, y ojo que no dejo de reconocerle sus virtudes y méritos. Bajo ningún concepto pretendo «ningunear» su gestión en las políticas sanitarias de la pandemia, en absoluto. Pero me preocupa enormemente el futuro. Creo que en mayor o menor medida, coincidimos casi todos en el diagnóstico de la situación tremenda en la que está el país. Y vendrán meses muy difíciles.

Se viene una ronda de Consejos de Salarios. ¿Cómo se para el PIT-CNT en este escenario?

Lo primero que tenemos que ver es el empleo. Si consideramos un escenario posible que la pandemia comenzará a ceder en el segundo semestre, tenemos que prepararnos para estos primeros seis meses que serán muy duros. Tenemos un problema serio de empleo, de sub empleo, y pronto ser verán las consecuencias de una temporada turística que no permitió que miles de personas hicieran el tradicional  «colchón»  para mantenerse en el invierno, pagar sus estudios y vivir hasta la primavera. Vamos a llegar a marzo y abril con mayor deterioro del empleo y se necesitarán políticas que contengan esa masa de trabajadores. Vamos a tener un serio problema de empleo, aumento de la informalidad, y a junio de este año el salario va a caer casi el doble de lo que previó el gobierno. Todas las variables e indicadores señalan que vamos a tener una situación muy dura, no digo explosiva, digo dura y el gobierno tendrá que dar respuestas. Pero preocupa que no haya por ahora ninguna señal de asistencia. Y al que la está pasando mal lo tengo que asistir, no le puedo hablar de un plan estratégico a largo plazo sino que le tengo que dar certezas para que pueda sobrevivir esta semana.     

Fernando Pereira suele decir que entre el déficit fiscal y el déficit social prefiere atender de manera prioritaria la deuda social

Claramente. Y aquí tenemos que volver a recordar que no hablamos de números sino de personas, familias. No se puede sostener una situación de emergencia social a base de ollas populares, que son un elemento solidario muy valioso de la sociedad uruguaya pero pensar que este tipo de crisis se solucionan a base de ollas populares es un despropósito y el que piense eso está lejos de ver la realidad. Las ollas son el manotazo de ahogado de la desesperación y que cuesta mucho sostenerlas.

Hay una discusión clara entonces por el empleo pero también están los salarios

Por supuesto. Llegamos con esa referencia de pérdida de 5 o 6%. ¿Cuál es la propuesta? ¿Qué sigamos perdiendo? ¿Sobre qué bases se va a desarrollar la negociación colectiva? ¿Cuáles son los parámetros? Se nos propuso un acuerdo puente para pasar el temporal de la pandemia y quedamos que en junio nos encontrábamos para hablar de la recuperación. Estamos en el medio del problema y con algunos sectores  que aprovechan para hacer ajustes. Esto sucedió en el comercio por ejemplo, que es un sector que conozco bien. Y han reducido sus plantillas, exigido más a los que retoman del seguro de paro por el mismo salario y acomodaron la organización del trabajo a su único interés. Y hay quienes han afectado la calidad del trabajo como por ejemplo cambiando las licencias o incluso rebajando salarios. Entiendo que haya quienes estén en una situación particular, hay casos reales que no tienen otras salidas, pero hubo empresarios que aprovecharon la pandemia para sacar réditos a través de reestructuras.   

Hay otra particularidad, buena parte de los que van a negociar en esta roda son sectores golpeados directamente por la pandemia. Porque la construcción ya acordó, la salud también, pero queda el comercio, los servicios, el turismo, la industria manufacturera, entre otras. Quedan los sectores más golpeados. Entonces me pregunto, si no hay señales claras del gobierno para atender a estos sectores golpeados, ¿qué es lo que vamos a negociar? ¿Nos quieren convocar a una ronda de negociación colectiva que continúe con la rebaja de salario? Si esa es la señal, vamos a tener un problema mayúsculo. Por ello decimos que tienen que haber lineamientos claros del gobierno como por ejemplo, que no habrá más pérdida del salario real, que se pacte una recuperación sobre lo ya perdido, por ejemplo.

Este año también habrá Rendición de Cuentas

Sí, y esa es una oportunidad. El Parlamento aprobó un Presupuesto Nacional restrictivo y la Rendición de Cuentas es una buena oportunidad para reasignar gastos, para ver si se puede firmar un convenio colectivo  con los trabajadores públicos, por tanto, creemos que el gobierno tiene que comenzar a dar señales. No se puede seguir con la lógica de los hechos consumados cuando nos sentamos a negociar, se requiere que el gobierno brinde señales con tiempo, en marzo por ejemplo, para estudiar cómo nos paramos en este escenario en el que hay una disyuntiva muy fuerte: o se privilegia la sociedad, la gente, se asiste a los que necesitan, o si el gobierno va a continuar con políticas restrictivas que van a tener consecuencias a corto y mediano plazo. Depende de cómo transitemos este semestre, para poder visualizar cierta salida para el segundo semestre del año. Para ello es determinante saber cuáles son las políticas que se aplicarán en este primer semestre y si realmente existe voluntad de un diálogo nacional que nos permita logra algunos consensos sobre la ruta de salida a esta situación tan compleja que vive el país. Es básico discutir quién va a pagar los costos de esta crisis. Tenemos que hacer una especie de inventario del tendal que deja el temporal y sus destrozos. ¿Cómo se prioriza y quién paga los costos? ¿Siempre los mismo? ¿Siempre los más vulnerados? ¿Por dónde se empieza?

Todo eso hay que hablarlo en un espacio de diálogo nacional 

Absolutamente.

¿Y cómo se logra ese espacio de diálogo, esa confianza y generosidad que se requiere para pensar juntos, en un contexto de tanta rispidez? En este mismo espacio distintos cientistas políticos, analistas y voces de la cultura han hablado de su preocupación ante las campañas de odio y estigmatización contra los trabajadores y las trabajadoras.

Creo que algunos sectores económicos de poder que gobernaron durante casi un siglo se sintieron desplazados los últimos quince años. Y muchas veces el retorno a los lugares de poder tiene un componente de revanchismo especialmente dirigido contra los sectores históricamente postergados que en los últimos años habían logrado avances notorios en materia de derechos. Para algunos sectores de la sociedad uruguaya la asistencia social es un pecado. Sostienen que el Mides es un foco para darle dádivas a los vagos y atorrantes. O que los sindicalistas son todos bacanes y acomodados. Fomentan un discurso de odio, revanchista, producto de los avances en materia de derechos de los últimos años. Tampoco hay que olvidar el fenómeno mundial del avance de la ultraderecha y el fascismo. Recién dejamos la era Trump, tenemos al vecino Bolsonaro, por citar casos evidentes. Creo que los embates de odio que recibimos son multicausales, todo esto que te menciono junto a otros elementos como los cambios tecnológicos y el avance de las redes sociales. Hay muchos elementos que inciden en este nuevo escenario. Los asuntos pendientes, los temas no resueltos en materia de derechos humanos y los desaparecidos, todo esto genera un clima complicado. Por otra parte, todo el mundo habla en relación a Lacalle Pou y un gobierno que parece pautado por una agencia de publicidad. Hay que prestarle más atención a estos fenómenos porque corremos riesgos en relación a la denominada grieta.       

Incluso como sociedad corremos el riesgo que esa lógica revanchista se prolongue en los sucesivos recambios de gobierno, porque nadie gobierna para siempre…

Exactamente. Y por ello insisto en que se necesitan señales claras para la sociedad. Uruguay tiene una larga tradición de diálogo social. A la salida de la dictadura, cuando la crisis del 2002, siempre hubo diálogo. El Parlamento siempre fue cuna de grandes debates y también de acuerdos. Hay memoria política, pero tiene que haber señales. Y estoy convencido que si llegan esas señales desde el gobierno, rápidamente se podría lograr cosas importantes. Pero si la decisión es la ahondar la grieta, incentivar el odio desde las redes sociales, estaremos en problemas como sociedad.

¿Hay entonces una demonización de los sindicatos?

Sí y además creo que se le imponen mayores exigencias que a otros actores de la sociedad. El sindicato es  una herramienta del trabajador para defender primero su problemática inmediata. Un sindicato no se forma para pensar el Uruguay del siglo XXIII. La sociedad tiene múltiples actores que tienen voz. A mí me alegra muchísimo ver cómo ahora la Universidad de la República es escuchada con respeto y atención en esta pandemia. El lugar que ocupa ahora la ciencia, la academia, en la agenda nacional nos llena de orgullo. Esta pandemia tiene que dejarnos muchas lecciones. Valorar como sociedad lo que teníamos, las herramientas de seguridad social, la educación pública, la salud pública, y tantas cosas del tejido social como por ejemplo los sindicatos que han cumplido un rol clave en la asistencia de los sectores más golpeados por la pandemia.

¿Te dolió el manto de duda o sospecha que se pretendió instalar sobre el INEFOP?

Siempre duele que se pretenda enlodar una herramienta. El INEFOP es un gran instrumento, una gran herramienta para desarrollar políticas de empleo imprescindibles a mediano y largo plazo. A veces no tiene el poder de dar la respuesta inmediata porque eso depende de otros factores. Además, tiene la riqueza de la convalidación tripartita. Por eso los ataques duelen porque además en las redes tiran cosas que no son ciertas y que intentan enlodar el proceso. Típico de este país. Yo recuerdo siempre lo que sucedió con un dirigente sindical amigo a la salida de la dictadura, Óscar Groba, que por entonces tenía mucha visibilidad. Había una leyenda, en el imaginario, decían que él andaba en un coche de último modelo. Todos lo habían visto a Groba en un auto «colachata» como se decía entonces y la realidad es que andaba en un cascajo viejo espantoso. Ah, pero todos decían que habían visto a Groba en terrible auto (risas). Todos dicen que estuvieron en el Estadio cuando Morena hizo los siete goles. Todos estuvieron ahí pero resulta que en ese partido se vendieron mil entradas (risas). 

Ahora te hacen videos y trucan fotos con Photoshop…

Ahora te hacen videos, te dicen que Fernando Pereira gana tantos cientos de miles y que los demás son todos millonarios. ¿Qué quiero decir con esto? Que no es nuevo, que son recursos viejos, en Uruguay esas cosas siempre han existido. En Uruguay si te ven con una camisa nueva en vez de felicitarte te dicen «andan bien tus cositas», con aire de sospecha (risas).

Pero lo del INEFOP es más serio, o como cuando lanzan acusaciones infundadas de enriquecimiento ¿no?

Por supuesto que sí. El INEFOP es estratégico. Cuestionan que el INEFOP asista a los institutos para la negociación colectiva. ¿Qué pretenden? ¿Qué no capacitemos y formemos a los dirigentes que van a negociar con las grandes cámaras de empresarios que concurren con sus abogados? ¿Quieren que un delegado sindical del sector molinero, por ejemplo, que carga harina todo el día, después de trabajar ocho horas vaya solo, tapado de blanco, lleno de harina, a negociar los convenios colectivos con un patrón empresario, un abogado, un economista en un despacho de la Ciudad Vieja? Parece que molesta que capacitemos a los trabajadores, a los dirigentes sindicales. Otro ejemplo, ahora que estamos transitando la reforma de la seguridad social, tiene que concurrir un técnico que responda a los trabajadores. Alguien tiene que financiar ese técnico. Por estas cosas es imprescindible que haya asistencia, sino se trata de una falsa negociación, sin ese contrapeso sería una negociación inexistente. Y estas cosas hay que dejarlas en claro. Por eso lanzan acusaciones por todas partes. Y por eso suelen decir que Groba andaba en un terrible auto, que los dirigentes somos ricos, ganamos fortunas y juran que todos estuvieron en la Ámsterdam cuando Morena hizo los siete goles.

 

Nota publicada originalmente en Caras y Caretas
Modificado por última vez en Martes, 09 Febrero 2021 19:27
Inicia sesión para enviar comentarios