Las sonrisas de la merienda

Viernes, 05 Agosto 2022 18:46
Valora este artículo
(3 votos)

Hay un lugar en el mundo donde la alegría se comparte con olor a chocolate y se disfruta en porciones solidarias. En un rinconcito del sindicato del INAU, todos los lunes y jueves se preparan meriendas para muchas personas que llegan en busca de un poco de alimento, pero también de empatía y sonrisas.

Hay niñas, niños, jóvenes, que se arriman al merendero. También algunos hombres grandes que duermen en la calle y llegan cansados en el alma de tanto andar. Y en el espacio dispuesto por el sindicato para preparar las meriendas, hay un grupo de militantes que dan lo mejor de sí, tratando que nadie quede sin merendar una taza de leche chocolatada calentita con bizcochos, pancitos, masitas o lo que se haya podido gestionar y cocinar para cada ocasión.

La iniciativa del sindicato comenzó en la pandemia cuando el hambre comenzó a golpear el barrio y las políticas sociales del gobierno brillaban por su ausencia. El movimiento sindical asumió la responsabilidad de atender las urgencias de miles de compatriotas que no podían cubrir sus necesidades básicas de alimentación y así surgieron cientos de ollas por todas partes.

Ahora que el invierno impacta de lleno en los sectores de mayor vulnerabilidad, el SUINAU decidió impulsar el merendero, en principio los días lunes y jueves. Si bien el espacio está gestionado por militantes sindicales, el merendero cuenta con una particularidad: también participan algunos jóvenes del Hogar Ituzaingó de la Colonia Berro del INISA. 

Macarena es educadora. Nació en Rivera, hija de padre policía y madre modista. Hace casi veinte años se vino a Montevideo a estudiar Trabajo Social y lleva más de una década trabajando en la institución. Primero con adolescentes privados de libertad en el INISA y desde hace seis años en el INAU. Su amor por las infancias y el trabajo como educadora lo siente desde el alma. “Lo mío es vocacional y creo que eso se da en muchos casos de quienes trabajamos acá”.

Ella está convencida que la institución debería brindar cierta contención profesional a trabajadoras y trabajadores “porque acá se ven muchas cosas, las historias de vida por las que llegan aquí las y los niños son casi siempre duras y no tenemos otro apoyo que el que nos brindamos entre nosotros mismas, como compañeras y compañeros de trabajo”.     

Macarena destaca el esfuerzo del sindicato por sostener primero la olla y ahora el merendero. Y cuestiona la falta de políticas públicas que atiendan las necesidades de la población. “Las cifras oficiales podrán decir que el país está cada vez mejor pero acá vez la realidad: comenzamos con 50 litros de leche chocolatada hace un mes atrás, y ahora tenemos que preparar más del doble. Hoy por ejemplo son 110 litros de leche. Ese es un indicador concreto de la realidad. No saldrá en los diarios, pero es la realidad que ves en la calle. Nosotras estamos acostumbradas a ver la realidad que incomoda. La amplia mayoría de las y los niños que llegan al INAU son pobres. Vienen en muchos casos con situaciones de violencia atrás. Y en ocasiones, hasta para nosotras es difícil llevarlo. A mí nunca me faltó un plato de comida. Entonces me duele ver todo esto. Cómo no te va a remover ver que llegan niñas y niños y adultos con hambre”, interpeló.

Mientras más y más gente recibe su taza de leche chocolatada caliente y los bizcochos de la tarde, Gregoria revuelve una olla enorme, con sumo cuidado. Gregoria es madre y abuela. Fue trabajadora doméstica, niñera, cuidadora y ahora es educadora del INAU. Siempre quiso “hacer algo por los demás”. Y le encanta lo que hace.

A ella también le preocupa la realidad que se está viviendo en el país. Dice que algunos niños y niñas que van al merendero del SUINAU “se van de acá a sus casas y esta merienda es lo último que van a llevarse a la pancita hasta el día siguiente porque en algunas casas no hay para cenar”.

Gregoria es más grande que el resto de sus compañeras militantes que atienden el merendero del SUINAU. Acaso por ello, puede hablar con cierta perspectiva. Y desde la pura frontalidad, cuenta que ella también pasó hambre en otra época. Fue cuando nacieron sus primeros dos hijos. “No daba para todos”. Y para que ellos comieran, ella a la noche solo tomaba mate.

“Yo era una gurisa, tenía 17 años y dos hijos. Y no me alcanzaba. Entonces lo poco que había se lo daba a ellos y yo tomaba mate. Pasé hambre. Y sé que eso duele”.

Ahora ella va feliz al merendero, reparte bizcochos, tazas de leche y regala sonrisas sin parar.

Entre quienes atienen el merendero del sindicato del INAU y del INISA, se ve un muchacho delgado, altísimo, de pocas palabras y sonrisa serena. Es Ángel. Él ayuda y colabora con el merendero con la autorización de la dirección del Hogar Ituzaingó de la Colonia Berro del INISA. “Estoy en el hogar porque me mandé una macana. Cometí un error y ahora estoy mirando hacia adelante y tratando de hacer algo por los demás”.

El Hogar Ituzaingó está considerado como una especia de “oasis” porque está enfocado a la inserción social de los adolescentes, a diferencia de otros que tienen como modalidad el encierro. En el Hogar Ituzaingó los adolescentes tienen distintas actividades deportivas, aprenden a trabajar en una huerta, tienen clases de informática, cerámica y panadería. Precisamente Ángel es casi un panadero profesional. Porque su papá sí lo es y el ama esa tarea. Aprendió con mucho cuidado y cariño ese oficio y ahora prepara bizcochos, mantequillas y masas para llevar al merendero.

Ángel está feliz de ayudar “a los chiquilines y a las compañeras”. Está muy pero muy decidido a construir una vida libre, sana, llena de abrazos familiares. Se arrepiente de “la macana” que cometió y que lo llevó a estar en la Colonia Berro pero agradece todos los días la oportunidad de volver a empezar que tanta gente le está dando. Y no para de agradecer que su familia lo acompañe y lo respalde. Cuando mira a las niñas y niños de la escuela que llegan al merendero siente que también está con su familia. “Ellos me ven como un tío. Y yo veo a estos gurises que necesitan comida y pienso que le podía haber tocado a mis hermanos. Nadie se merece no tener un poco de comida”.

Ángel sabe que la vida le dio otra oportunidad, está feliz de la vida de haber conocido a las muchachas del sindicato “que hacen tantas cosas buenas por los demás” y promete que cuando sea jugador de fútbol de la Selección Uruguaya, “como Godín, defensa cerrado”, no se va a olvidar de las muchachas del SUINAU y seguirá apoyando. Y seguirá preparando mantequillas, “como mi padre”.

Modificado por última vez en Viernes, 05 Agosto 2022 21:12
Inicia sesión para enviar comentarios